¡A sus órdenes, capitán!

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El cine, las series y la literatura se han encargado de forjar una imagen legendaria de los capitanes de barco. El uniforme, la barba blanca y la pipa son algunos de los rasgos asociados a esta figura de autoridad en las embarcaciones, como también funciones fuera del común, como la capacidad para oficiar matrimonios. Más allá de los tópicos (en realidad la ley española indica que los capitanes de barco sólo puede casar una pareja en caso de peligro de muerte de uno de los cónyuges), se trata de profesionales con una gran responsabilidad entre sus manos: salvaguardar la vida de los pasajeros y la integridad de la nave.

Llegamos al ferri Abel Matutes cuando todos los pasajeros ya han desembarcado. Nos recibe su capitán, Pedro Puertas, oficial de la marina mercante desde hace 24 años. Puertas se ha pasado rodeado de barcos desde que era un crío y solía curiosear por los muelles de Ceuta, donde su padre estaba destinado como marinero de la Armada. Actualmente es el capitán de una de las principales embarcaciones de Baleària, con la que hace la ruta entre Barcelona y Mallorca. Tiene a sus órdenes una tripulación de unos 50 marineros y bajo su responsabilidad una máquina de 190 metros de eslora y capacidad 2.200 metros lineales de carga, que además está preparada para acoger 900 pasajeros y 247 vehículos.

Subimos por pasarelas, escaleras e incluso un ascensor antes de poder alcanzar el lugar más privilegiado de la embarcación, el puente de mando. Si el ferri fuera un ser vivo aquí estaría el cerebro. Es el lugar desde donde se gobierna la nave y se comunican las órdenes al resto de la embarcación. El término proviene de los primeros barcos de vapor, que tenían un puente de madera entre las ruedas de las paletas de impulso.

 

 

Frente a uno de los azulejos, contemplando las luces del puerto de Barcelona, nos encontramos con Puertas, que nos recibe con una sonrisa. Al principio de la conversación nos explica que el trabajo del capitán de barco ha cambiado radicalmente en muy poco tiempo. “Cuando estudiaba, aprendíamos a hacer los cálculos para determinar la posición, entonces no existía el GPS. En muy pocos años hemos pasado de navegar con cartas náuticas a tener radares y cartas electrónicas”, recuerda Puertas. Sin embargo, la esencia es la misma que hace siglos: gestionar adecuadamente carga y tripulación y controlar técnicamente la embarcación para que llegue a buen puerto. Hoy todo es mucho más complejo, puesto que tanto la carga como el barco han aumentado de medida y hay que dominar la tecnología que hace posible todo el movimiento. Estos cambios no intimidan a Puertas: “La sensación es como la de conducir un coche. Lo más importante es que no perdemos el norte. A veces, con los estudiantes en prácticas, me doy cuenta que están más preocupados de los mandos del puente que de lo que pasa alrededor de la embarcación. ¡Hay que mirar más por la ventana!”.

Con todo, el futuro reserva nuevos adelantos tecnológicos para los barcos de la marina mercante, entro otros retos a los que habrá que adaptarse. El Abel Matutes de Baleària es un buen ejemplo de la revolución silenciosa que experimenta el transporte marítimo, puesto que incorpora un motor de gas natural licuado que genera electricidad y reduce drásticamente las emisiones. De hecho, se trata del ferri más limpio y sostenible que aloja el puerto de Barcelona. Con cambios o sin ellos, el capitán explica que la clave del oficio seguirá siendo la misma: “ser capaz de tomar la decisión correcta en el momento correcto”. Un gran poder para una gran responsabilidad.

Víctor Farradellas

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2 comentarios
 
  1. Cristina 05/01/2018 at 20:47 Responder

    Que gran Capitán….y guapo eh!

  2. Jedi del Mar 05/01/2018 at 20:49 Responder

    Que la fuerza te acompañe…Siempre!

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