Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos

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Chefchaouen, una de las ciudades más variopintas del norte de Marruecos, se alza en la ladera de una montaña. A unas dos horas de Ceuta o de Tánger, el viajero no puede perderse este rincón pintado de blanco y añil, originario de la tradición judía. El suelo teñido de un azul intenso significa: calle sin salida. Subir por la carretera hasta alcanzar la cima donde descansa esta ciudad “prohibida” durante siglos para los extranjeros, constituye un espectáculo lleno de panorámicas. Desde el siglo XV, cuando se fundó esta joya del Rif, ha sufrido muy pocos cambios; guarda intramuros un particular misticismo y una medina que conserva intacta su muralla original, con sus siete puertas y sus siete barrios, todos tan diferentes. Callejuelas empedradas en el casco antiguo para perderse, siempre con buen calzado, imprescindible para caminar. Se deben contemplar y mirar los detalles, porque parece que se han parado las agujas del reloj.

La ciudad posee un rico patrimonio. Caminar por el centro nos permitirá mezclarnos con los lugareños, oír el bullicio y los gritos de la gran variedad de comerciantes, oler el pan recién sacado del horno y el de los tajines hábilmente preparados con recetas norteñas, una variada oferta de frutas y productos que deja las estribaciones del Rif, a más de 500 metros de altura.

Hay que perderse en la plaza Ouata El Hammam y llegar hasta la emblemática fuente de Ras El Maa, cruzando por el barrio judío. Su Kasbah se erige en pleno casco antiguo, con exuberantes y frondosos jardines que constituyen un remanso de frescura y verdor en el centro. Otra de las visitas obligadas es su museo, que posee una colección de armas antiguas, fotografías y también numerosos objetos textiles. Es un paraíso de la artesanía donde destaca la carpintería y los talleres de tejidos, entre otros.

Para descansar y pasar la noche existe una variada oferta de pequeños hoteles y pensiones entre sus empinadas calles azules. Uno de estos lugares típicos y muy confortables es Lina Ryad & Spa, que cuida los detalles, en el corazón de Chefchauen. En lo más alto de la Medina nos encontramos con Casa La Palma, sin ruidos y con

impresionantes vistas. Para comer y reponer fuerzas, Lala Mesouda, donde destacan sus ensaladas, y también Sindibad, con una confortable terraza donde la típica cocina marroquí sabe diferente.

Marián Campra García de Viguera | @MarianCampra

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