Eivissa en otoño. Senderismo en Ses Balandres

Brújula  /   /  By Comunicacion

La costa más abrupta de Eivissa circunda el Área Natural de Es Amunts, que a su vez ocupa el tercio norte de la isla. Esta zona ofrece espectaculares excursiones de interior y también recorridos por acantilados que, a través de senderos sinuosos, desembocan en orillas perdidas.

Uno de los paseos más impactantes es el que conduce a la cala de Ses Balandres, al pie del Pla de Santa Agnès de Corona. Pasado el verano, cuando el calor agobia en su justa medida pero aún justifica un baño reparador en sus aguas cristalinas, es el momento ideal de emprender el camino.

Para iniciar el descenso hay que tomar un camino de tierra que parte del Pou de Corona, a 400 metros del pueblo. Una vez se alcanza el acantilado, hay que descender por un sendero empinado, en el que los pescadores han instalado escaleras de madera, barandillas y cuerdas para facilitar la bajada. Antaño lo ascendían a diario, cargados con pesadas sacas en las que transportaban las capturas de la jornada. Un ejemplo más de la vida dura que afrontaban los ibicencos antes de la llegada del turismo. Si se presta atención, no resulta peligroso pero sí cansado.

La belleza de los pliegues del muro vertical que asciende hasta el llano, las casetas varadero camufladas en piedra, donde los pescadores ponen a resguardo sus llaüts, y las tonalidades esmeralda que adquiere el mar en la orilla aportan una belleza insólita al paisaje. Frente a la cala, presidiendo el horizonte, los majestuosos islotes de Ses Margalides. El mayor de ellos destaca por el gigantesco arco que forma la roca, bajo el que navegan embarcaciones sin mástil o de poca altura. Un enclave para sentir la auténtica magia de Eivissa, al que, eso sí, resulta imprescindible llegar bien provisto de agua y comida, ya que abajo la única compañía que aguarda es la de las gaviotas.

Texto y fotos: Xescu Prats.

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