El Montseny, un tesoro otoñal

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A un paso de Barcelona, el Montseny es un destino único donde disfrutar, sobre todo en otoño, de la naturaleza en estado puro. Da igual por dónde se pasee la mirada, con la entronización definitiva del otoño, este rincón declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO se engalana con un caleidoscopio cromático onírico: un puzle de tonalidades ocres, verdes oscuros, marrones rojizos y dorados de arboledas centenarias, mientras la luz, tamizada por jirones de niebla, perfila un atrezzo natural de cuento. Pero eso no es todo. No solo la vista se recrea. A finales de octubre y con las primeras semanas de noviembre, el paisaje montsenyenc es un torrente de olores y sonidos sutiles.

Vistas del Montseny desde el Vidal

Vistas del Montseny desde el Vidal

A tiro de piedra de Barcelona –apenas 88 kilómetros la separan de la capital-, aquí encuentran su particular paraíso los senderistas, los cazadores de bolets, las familias con niños, los gourmets de la cocina de Km 0 o los urbanitas ávidos de contrapuntos naturales al asfalto. Ahí están, por ejemplo, sus pueblos con encanto, su deliciosa gastronomía o sus cimas, todo un reclamo para los excursionistas: el Turó de l’Home (1.712 m), les Agudes (1.705 m) o el Matagalls (1.698 m).

Caminatas de temporada

Sin duda, el mejor modo de saborear el ambiente otoñal que por estas fechas conquista el Montseny es aventurarse en alguna de las rutas excursionistas señalizadas que hay por toda su fisonomía natural. Cualquiera de las vías que atraviesan o rodean el Montseny facilitan el acceso a enclaves del macizo que, en sí mismos, justifican la visita. Por ejemplo, la población de Sant Celoni es un magnífico punto de partida para realizar itinerarios clásicos como el que conduce al valle de Santa Fe.

Esta es una coordenada idónea para, sobre todo tras recalar en el Centre d’Informació de Can Casades y recoger toda la información práctica, iniciar excursiones y paseos por la zona. No es éste el único equipamiento cultural que merece la pena visitar para optimizar al máximo la inmersión en el legado humano de la montaña. Otros ejemplos son la Masia Mariona, en la población de Mosqueroles, y la Casa-Museu l’Agustí, una oportunidad única –sobre todo para los más pequeños- de conocer a través de esta masía la vida de pagès en el siglo XVIII.

Prado de la Martinera

Prado de la Martinera

Aunque para despedirse del Montseny con una postal otoñal en la retina a la par que se respira aire puro y retazos de historia, nada como aproximarse a uno de sus enclaves más notables: el conjunto monumental del turó de Tagamanent (1.055 m), un privilegiado enclave desde el siglo X.

Coronada por lo poco que queda de un castillo y de una ermita, la cima regala una panorámica que se desparrama sobre un manto ocre, rojizo y dorado. Es el último regalo del Montseny, verdadero tesoro otoñal.

David Revelles | Periodista

 

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