Ibiza y la herencia de los ingenieros de Al-Ándalus

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La isla de Ibiza fue plenamente ocupada por los árabes a lo largo de tres siglos y medio, desde los albores del siglo X hasta la reconquista cristiana de 1235, cuando las tropas de Jaume I de Aragón, comandadas por Guillem de Montgrí, tomaron la fortaleza de la capital. A lo largo de este tiempo, los musulmanes reforzaron las murallas, erigieron múltiples alquerías por el campo ibicenco y, sobre todo, desarrollaron una red singular de infraestructuras hídricas para aprovechar los manantiales y obtener el máximo rendimiento del agua, en una isla donde los cultivos eran mayoritariamente de secano. Dos de estas infraestructuras, Ses Feixes y Es Broll de Buscastell, constituyen magníficos ejemplos del legado de los ingenieros andalusíes del agua.

Los campos de Ses Feixes aguardan junto a la ciudad de Ibiza y llegaron a suministrar la práctica totalidad de la fruta, verdura y hortalizas que se consumían en la capital. Hoy constituyen un extenso cañaveral, pero se mantuvieron en funcionamiento hasta mediados del siglo XX. Un sistema de cultivo único en el mundo –tal y como lo definió el antropólogo norteamericano George M. Foster–, que llegó a ocupar una superficie de 60 hectáreas. Contenían un total de 164 parcelas agrícolas de dimensión alargada, precedidas por portales blancos y encalados que, en muchos casos, aún se conservan. Cada feixa estaba rodeada por una retícula de canales permeables que se alimentaban de las aguas que bajaban por los torrentes hacia la bahía. De esta forma, retenían reservas suficientes como para irrigar los cultivos mediante capilaridad. La fertilidad de los campos, gracias a este sistema, resultaba extraordinaria y el agua sobrante se vertía al mar a través de una serie de compuertas instaladas en los extremos de la infraestructura.

Ses Feixes (Xescu Prats).

Ses Feixes estaban divididas en dos grandes zonas de extensión similar: Es Pratet, cerca del actual centro de la ciudad, y Es Prat de Ses Monges, entre las bahías de Eivissa y Talamanca, territorio que hoy se reparten los municipios de Eivissa y Santa Eulària. Un sendero que arranca cerca de la playa de Talamanca aún permite recorrer los viejos cultivos con sus portales y revivir la importancia de una obra de ingeniería insólita y apenas conocida.

Es Broll de Buscastell, por su parte, aguarda en el interior del municipio de Sant Antoni y sigue componiendo un paisaje espectacular a lo largo de todo el año. Sin embargo, en época de lluvias, contemplar cómo se desbordan las acequias y el agua desciende por los bancales formando cascadas, constituye un verdadero espectáculo. Es Broll también fue creado por labriegos musulmanes durante la Edad Media, que concibieron una extensa red de acequias que desciende a ras de cielo por el valle de Buscastell, desde uno de los mayores manantiales de la isla, durante 4,5 kilómetros.

Es Broll (Xescu Prats).

El agua cae en paralelo al torrente y es conducida por una azacaya que alimenta 14 hectáreas de cultivos. En otras épocas, además de las actuales huertas, frutales y viñedos, existían plantaciones de cáñamo, algodón, lino e incluso arroz. La acequia de Es Broll desciende junto a bancales sostenidos por muros de piedra seca y conduce el agua a una sucesión de ramales que también nutren albercas y molinos, generando un paisaje húmedo y rebosante de verdor, realmente insólito en una isla tan seca como Ibiza.

El paso de los siglos ha fragmentado las parcelas, a través de ventas y herencias. En la actualidad, pertenecen a unas sesenta familias, que se reparten el agua mediante un estricto calendario en función de la extensión de cada finca. Las más modestas reciben agua durante 15 minutos a la semana, mientras que las de mayores dimensiones la acumulan hasta durante 11 horas. Todos ellos, en cualquier caso, disfrutan del privilegio de cultivar la tierra más fértil de Ibiza, en un marco excepcional que los árabes imaginaron hace casi un milenio.

Xescu Prats | Periodista

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