El Parque Nacional de Garajonay, una selva entre volcanes

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El Parque Nacional de Garajonay, en el centro de la isla de La Gomera, comprende 4.000 hectáreas de bosque subtropical de laurisilva, una joya de hace 20 millones de años. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1986.

El Pico de Garajonay es, con sus 1.487 metros de altura, el campanario natural de La Gomera. A sus pies, en el centro de una isla de epidermis volcánica y vientre en constante ebullición, se despliega una tupida maraña de helechos y troncos con pelo verde que se contornean como las cobras apuntando al cielo. Apenas queda espacio para que se cuelen furtivos rayos de luz en misión de fotosíntesis. A solo 500 kilómetros en línea recta del desierto del Sáhara vive este bosque de laurisilva de Garajonay, un parque natural que ocupa el 11% de la superficie de una isla de 370 kilómetros cuadrados declarada Reserva de la Biosfera.


Ejemplo ancestral de flora subtropical, que data del terciario, de la llamada Era Cenozoica. Hace 20 millones de años, este ejemplo de bosque húmedo ocupaba buena parte del norte de África y de Euroasia. Llegó la era de las glaciaciones y este tipo de selva se fue desplazando hacia regiones templadas más al sur.

Un verde perenne

La red de senderos se abre paso entre hayas, grandes helechos, brezos, acebiños e infinidad de especies arbóreas y de sotobosque que presentan hojas parecidas al laurel, de ahí el nombre de laurisilva. Una masa forestal a la que nunca se le destiñe el verde (Monteverde se le llama) ni pierde hojas, gracias a la abundante lluvia, tan característica de este microclima, y a la humedad. Los vientos alisios provocan mares de nubes y condensación de vapor de agua en las hojas y los troncos de los árboles, embadurnados de líquenes y musgos. Es la llamada lluvia horizontal que mantiene un elevado grado de humedad en el terreno. La niebla está omnipresente en esta joya de flora subtropical en tierra hostil, en parajes dominados por cráteres, cuevas, mares de costra de lava y calderas que son como huellas de dinosaurio de la actividad volcánica que alumbró el archipiélago de las siete islas. Este bosque encantado y trufado de plantas endémicas de la Gomera fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986.

Monumento al lenguaje silbante en La Gomera.

Un silbo ancestral entre helechos

Da igual que fuera Meucci o Graham Bell quien inventara el teléfono. El silbo gomero nació bastante antes para que los habitantes de la isla se comunicaran a través de barrancos y vaguadas. Este lenguaje del viento transforma las palabras en tonos silbados, que solo contemplan cuatro vocales (le sobra la u). Un código no escrito que se estudia en las escuelas gomeras para que no se pierda, un sistema de comunicación a distancia que, sin necesidad de antenas, tiene plena cobertura en Garajonay. En el Centro Juego de Bolas, punto de información para visitar el parque, se informa de miradores y rutas, como la que recorre Las Mimbreras o los alrededores de la ermita de Nuestra Señora de Lourdes.

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