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Elegantes orcas, juguetones delfines y majestuosas ballenas se dejan ver en el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán en distintos momentos del año

“No hay mejor sitio en Europa para ver cetáceos que el Estrecho de Gibraltar”. Así de convencido se muestra Juan Jesús Martín, biólogo y fundador del Aula del Mar, una entidad malagueña que investiga y protege las especies marítimas. Los 14 kilómetros que separan Europa de África son la puerta de entrada de grandes especies acuáticas desde el Atlántico al Mar de Alborán, que baña las costas españolas hasta Almería y las marroquíes hasta su frontera con Argelia. “Es una zona de corrientes con aguas muy ricas, lo que permite que haya muchos peces y, por tanto, también quienes se alimentan de ellos, los cetáceos”, explica José Luis Mons, biólogo del Aula del Mar.

Entre los ejemplares más espectaculares destacan las orcas, que pueden medir hasta nueve metros de largo y pesar cinco toneladas. “Vienen buscando atunes, así que es bastante frecuente verlas desde la primavera y el verano”, apunta Mons. Raimundo Real, profesor del Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga, destaca que hay una familia de orcas residiendo de manera permanente en la zona, mientras que otros grupos se acercan estacionalmente en busca de uno de sus bocados favoritos.

“También son un espectáculo los grupos de delfines, que a veces incluso se pueden ver desde la playa”, añade Real. De hecho, hay tardes con el mar en calma donde en el horizonte y no muy lejos de la costa se pueden observar a simple vista varios ejemplares dando los tradicionales saltos sobre el agua en su desplazamiento. Eso sí, es más cómodo e interesante observarlos desde cerca gracias a los barcos de avistamientos que existen en zonas como Algeciras, Tarifa o Barbate o incluso con los barcos turísticos que se pasean por la Costa del Sol. Igualmente, es muy habitual verlos desde los ferries de Balèaria que bajan desde Andalucía hacia Nador, Melilla, Tánger o Ceuta.

Puntualmente también se avista algún cachalote, aunque son mucho más habituales en la zona mediterránea entre Valencia y las Islas Baleares, donde existe un importante corredor de cetáceos. Igual ocurre con el rorcual común y, sobre todo, con el zifio, especie de las profundidades marinas. —

Avistamientos durante el confinamiento

A mediados de mayo, un tiburón peregrino de casi ocho metros paseaba tranquilamente junto a las costas de Málaga, apenas a un centenar de metros de la playa. Semanas antes se había visto en Motril. En Vinaròs también se avistó un zifio y un grupo de delfines se atrevió a entrar en el puerto de l’Alcúdia. “Siempre han estado ahí, pero el confinamiento ha hecho que se acerquen más a la costa”, cuenta el biólogo José Luis Mons, que explica el mayor avistamiento de cetáceos por los pocos movimientos marítimos.

TEXTO: IGNACIO SÁNCHEZ

FOTOS: JOSÉ Mª CABALLERO Y TURMARES TARIFA

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