La Atlántida emergió en Eivissa

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A los pies de la Torre del Pirata, en la costa de Eivissa, aguarda uno de los paisajes más sobrecogedores del Mediterráneo: Sa Pedrera de Cala d’Hort, bautizada por los hippies como ‘Atlantis’.

En los años sesenta y setenta, los hippies desembarcaron en Eivissa con sus largas melenas, sus pantalones de campana y sus creencias místicas. Se mezclaban con la población lo imprescindible y establecían sus comunas en parajes solitarios, alquilando almacenes agrícolas y casas vacías a los campesinos. Algunos incluso buscaron refugio en cuevas. Una de ellas la encontraron al pie del Puig des Savinar, donde se asienta una de las torres de defensa desde las que se vigilaba la llegada de piratas.

Aquellos hippies descendieron la larga ladera del acantilado y, más abajo de la gruta, ya al nivel del mar, encontraron las ruinas de una vieja cantera de piedra arenisca, que los lugareños conocían como Sa Pedrera de Cala d’Hort. Su paisaje les resultó tan extraordinario, fascinante y misterioso que acabaron bautizándolo como ‘Atlantis’. Creían que ese tramo de costa de rocas escalonadas y talladas formando ángulos emergió en un pasado remoto de las entrañas del océano, arrastrando un fragmento de los palacios de la Atlántida.

En invierno, cuando el oleajatlantis eivissae castiga Sa Pedrera, el agua se acumula sobre la arenisca vaciada, formando pequeñas lagunas de color esmeralda que contrastan con la profundidad del azul del mar. Parecen piscinas naturales modeladas para deleitar a los privilegiados habitantes de aquella civilización perdida.

Nada más lejos de la realidad. Sa Pedrera de Cala d’Hort fue otro de los yacimientos donde trabajaron con intensidad los canteros de las murallas de Eivissa (s. XVI), tal y como hacían también en los islotes camino de Formentera o en la costa de Ses Salines. Con la arenisca de ‘Atlantis’ confeccionaron parte de los sillares de los vértices de los baluartes, que requerían de una piedra más maleable y sencilla de tallar. Pese a la mística disparatada de los hippies, compone uno de los enclaves insólitos de Eivissa. —

 

UNA CALA DE DIFÍCIL ACCESO

Visitar Sa Pedrera de Cala d’Hort no es una excursión apta para personas con vértigo o que no están en buena condición física. El descenso, de casi doscientos metros, transcurre por un pronunciado acantilado, a través de un sendero entre matorrales y un tramo de dunas de arena, que resulta especialmente duro a la subida. Imprescindible llevar calzado deportivo, agua, crema solar y calcular media hora de bajada y 45 minutos de subida.

Xescu Prats | Periodista

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