Tesoros escondidos bajo el mar

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La mayor parte de los mares que bordean zonas que poseyeron grandes civilizaciones esconden en la profundidad de sus aguas tesoros escondidos que hablan de la obra de los hombres y el fruto de culturas que un día tuvieron su esplendor. En la actualidad, son muchos los que se afanan por descubrir estos tesoros, algunos con fines científicos y otros con el objetivo de vender al mejor postor este legado del pasado. Las zonas del planeta en la que más tesoros enterrados se han hallado son las costas del continente americano y el Mediterráneo.

En Europa, cientos de pecios o fragmentos de naves naufragadas, muchos de ellos de alto valor arqueológico y económico, permanecen hundidos en el mar a lo largo de toda la costa española expuestos a los caza tesoros, que aprovechan la difícil vigilancia de los yacimientos subacuáticos. Arqueólogos y conservadores avalan la tesis de que España es el país con más riqueza patrimonial marítima del mundo.

En el siglo XVI España fue un país volcado al mar, con flotas permanentes en todos los océanos del mundo, con barcos que hacían un circuito comercial mundial desde la China o Filipinas pasando por México y que llegaba a Europa y eso en base a barcos y marinos españoles.

Pero, ¿qué tesoros albergan esos pecios hundidos? Los arqueólogos coinciden en que su prioridad es de investigación científica lejos del codiciado valor monetario que mueve a los caza tesoros.  García de Rivera, coordinadora del centro de arqueología subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (España), asegura que cuantificar la carga económica no es su objetivo: “No quiero hablar de arqueología en términos de oro y plata. Nuestro interés es cuantificar el valor o la información que ese pecio pueda proporcionar”.

La reflotación de los pecios como método para protegerlos de posibles espolios “es otro concepto no arqueológico”, dice García de Rivera. “No se trata de recuperar piezas, quiero saber que están ahí para establecer métodos de conservación y protección”.

Una vez estudiado, analizado y documentado el pecio, se puede plantear si, garantizando su conservación, es conveniente reflotarlo para su exposición o no, explica. “El pecio -según la experta- en el medio en el que está generalmente llega a un equilibrio y lo que está tapado se conserva y lleva un deterioro muy paulatino”.

María Carpenter | EFE

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