Un otoño en Mallorca

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Es otoño. Las playas de Mallorca retornan al silencio roto tan solo por el vaivén de unas olas sin bañistas, colchonetas ni velomares. La isla está, más que nunca, en calma. Pero la quietud no es sinónimo de parálisis. Al contrario: arranca un tiempo cargado de interesantes actividades y propuestas.

El turismo cultural es, sin duda, uno de los grandes alicientes del otoño en Mallorca. El casco antiguo de Palma concentra un impresionante legado patrimonial, señoreado por La Seu, la Lonja y el Castillo de Bellver. Deambular sin rumbo, sin calor y sin prisas es un placer tan asequible como enriquecedor.

Sin embargo, el patrimonio arquitectónico no se limita a la capital. La Cartuja de Valldemossa, el Santuario de Lluc o el Castillo de Capdepera podrían ser algunos de los múltiples ejemplos, a los que se suman conjuntos de visita obligada, como Deià, Sóller o Alcúdia. La vuelta al frío es, asimismo, un estímulo para la cultura de puertas para adentro. A las galerías y museos de los pueblos, se suma la siempre vibrante oferta museística de Palma.

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El otoño concede muchos días de temperaturas suaves. Días en los que la luz se recrea en el paisaje, regalando un colorido único en el año. Todo esto convierte a esta estación en una perfecta aliada para los amantes de los deportes al aire libre. La Serra de Tramuntana –Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO– es uno de los escenarios más espectaculares, pero no el único. Las Serres de Llevant, la Albufera o el Pla ofrecen múltiples posibilidades para disfrutar, ya sea a pie o en bicicleta. Además de poder realizar centenares de excursiones en una sola jornada, la isla cuenta con la red de refugios del Consell de Mallorca para quienes opten por pernoctar en plena naturaleza.

El ciclo de ferias tampoco se detiene. Al contrario: bulle con tal actividad que, en meses como octubre y noviembre, pueden llegar a coincidir hasta cuatro convocatorias en un mismo fin de semana. Llucmajor, Algaida, Santanyí o Campos son algunos de los municipios que, con el arranque del otoño, celebran sus ferias.

Gastronomía, patrimonio, paisaje, cultura… Son, en definitiva, algunos de los encantos de una isla que es mucho más que sus playas. Porque el horizonte de Mallorca no termina con el mar.

Merche Gil | Periodista

 

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