Vida entre la Posidonia

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En Eivissa encontramos muchos paraísos. Todos los que se acercan a esta isla quedan encantados y prometen regresar. Y eso que son pocos los que, sin eufemismos, se sumergen de verdad en ella para algo más que bañarse, los que en definitiva bucean sus fondos y recorren sus rincones más secretos.

Aquellos que se adentran en su mar encuentran entonces un paraíso aumentado respecto al terrenal, que ya es decir. Y uno de los paisajes más ricos y delicados es el generado por las deslumbrantes praderas de Posidonia oceánica, esa planta milenaria de increíbles virtudes que se postula como la auténtica embajadora del litoral, por tantos y tantos beneficios que genera al medio ambiente y, porqué no, a nuestra economía turística.

Seguro que ya tenemos claro que la Posidonia no es un alga, sino una planta que protege las playas del oleaje, que oxigena las aguas con su incesante tarea fotosintética y que alberga muchas especies de vida, más de 1.000 entre animales y vegetales.

Es muy interesante recorrer las verdes y frondosas praderas de Posidonia oceánica que hay a las mismas puertas de la ciudad de Eivissa, en cualquiera de sus playas y calas como Platja d’en Bossa o Talamanca, aunque nosotros nos vamos a sumergir en uno de los pequeños islotes que, conocidos como Malvins, jalonan la entrada al puerto.

 

 

vida entre la posidonia

Liebre de mar.

Salimos con la embarcación desde Marina Botafoc, con el castillo de la ciudad como testigo. Nuestro paseo por la posidonia comienza con la especie más visible en sus praderas, los bancos de salpas que con su dorada librea parecen recibirnos. Estos peces se alimentan de las hojas, aunque también lo hacen de los pequeños organismos que muchas veces las cubren.

Enseguida nos llama la atención una de las criaturas más curiosas de estas aguas, que ahora descansa posada en la posidonia. Su aspecto oscuro y sedoso nos recuerda a un murciélago, aunque su vuelo, si así podemos denominar al pausado y torpe avance de la liebre de mar, no tiene nada que ver con las nerviosas evoluciones del mamífero alado.

Muy cerca patrulla una deslumbrante corvina, plateada y con las aletas bronceadas, en busca sin duda de alimento en forma de pequeños crustáceos y alevines que se refugian entre los haces de la Posidonia.

 

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Corvina.

 

Más adelante destaca una referencia que se yergue vertical entre los haces de la posidonia. Se trata de la nacra, el molusco bivalvo de mayor tamaño del Mediterráneo que, desgraciadamente, está casi desaparecido por la acción de un despiadado protozoo.

Así continuará nuestro sendero a través de la posidonia, un rosario de encuentros y de sorpresas que culminan con una pequeña sepia que dibuja con sus tentáculos un corazón, se diría que transmitiéndonos el inmenso valor de la planta que la acoge y que supone un auténtico vergel de vida que nosotros debemos de respetar.

Rafa Martos | @buceoysnorkel

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Sepia.

 

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