Categories Navigation
Asset Publisher

null Un viaje por la historia del tren de Sóller

Un viaje por la historia del tren de Sóller

Por Sergi Reboredo


FY2872baja

Todavía traquetea por las montañas de la Serra de Tramuntana con sus vagones de madera desvencijados. Se construyó en 1912 con el propósito de transportar naranjas y aceitunas de manera más rápida, esquivando las sinuosas y accidentadas carreteras de la época. Cruzar varios puentes, un elevado viaducto de cinco arcos y atravesar 13 túneles oscuros y mohosos, lo convierten en un tren muy especial.

 

El Ferrocarril de Sóller es una joya ferroviaria que causa furor incluso fuera de nuestras fronteras. Este ferrocarril ha estado en manos privadas desde sus inicios y cuenta con un ancho de vía especial de 1 yarda inglesa (0,914 m), que solía ser el estándar en toda Mallorca. Los trenes que circulan hoy en días por sus vías son los mismos coches originales de la línea, lo que lo convierte en una verdadera atracción turística y en un ferrocarril-museo.

 

El recorrido del tren de Sóller abarca 27 kilómetros entre Palma y Sóller, atraviesa los impresionantes paisajes montañosos de la Serra de Tramuntana. A lo largo de este trayecto, el tren se adentra en trece túneles y serpentea para superar los desniveles del terreno. Uno de los túneles más destacados es el conocido como Túnel Mayor, que tiene una longitud de 2,8 km y marca el punto de cambio de rasante, alcanzando una altitud de 239 metros. La rampa norte, que se extiende entre el túnel Major y Sóller, es uno de los tramos más espectaculares del recorrido. En solo 7 km, el tren supera un desnivel de 199 metros.

 

A lo largo del recorrido, se encuentran cuatro estaciones principales: Palma, Son Sardina, Bunyola (donde se realizan los cruces entre trenes ascendentes y descendentes) y Sóller. Además, existen varios apeaderos de menor importancia, como Son Reus, Santa María, Caubet, Can Tambora y el Mirador de Es Pujol d'en Banya, ubicado sobre el valle de Sóller. Estos últimos son puntos de parada para los trenes panorámicos, que permiten a los viajeros disfrutar de vistas impresionantes.

 

Los cuatro automotores que circulan por la línea del Ferrocarril de Sóller datan de 1929 y cuentan con carrocería de madera. El material remolcado también es de madera, incluyendo algunos coches que datan de 1912. Esta combinación de antigüedad y encanto histórico hace que viajar en el tren de Sóller sea una experiencia única que transporta a los viajeros a otra época. 

 


Comienza el viaje, estación de Palma

 

Al igual que el propio tren, la pequeña estación de tren de Palma se siente como un remanente de días pasados. Situada cerca de la Plaza de España, Esta joya arquitectónica, que data del siglo XX, es mucho más que un simple punto de partida para un viaje en tren. Está compuesta por un edificio modernista de tres cuerpos, las cocheras y el espacio de las vías, donde a menudo está estacionada alguna locomotora o algún convoy con coches de pasajeros.

 

 

 

Con tiempo se puede aprovechar para visitar la exposición "50 paisajes de Mallorca", que cubre las paredes de una antigua cochera, ya dentro de la estación. Esta muestra pictórica refleja la visión de destacados artistas locales y foráneos sobre la naturaleza de la isla.

 

Una vez se compra el correspondiente billete, el viajero accede al anden principal en el que normalmente hay que esperar a que llegue el siguiente tren procedente de Sóller. El convoy dobla una curva pronunciada y se abre paso hasta el final de la parte cubierta de la estación. Los viajeros hace rato que lo esperaran al acecho para conseguir los preciados asientos junto a la ventana. Mientras tanto, la locomotora, que desde 1929 ya no funciona con vapor sino con una unidad eléctrica de Siemens-Schuckert, se desacopla a mano y se desvía hasta el final del tren a través de una vía paralela. Una maniobra que suele durar unos 15 minutos. Tres campanadas y una bocina marcan la salida del tren.

 

 

Incio de la ruta

 

El tren se pone en marcha entre chirridos y traqueteos. Los primeros kilómetros no se caracterizan ni por ser los más rápidos ni los más fotogénicos ya     que se circula dentro de la ciudad, por el centro de la calle Eusebi Estada y posteriormente por la calle de la Concordia. Después, se cruza por debajo de la Autopista Ma-20 y tras atravesar una zona de polígonos y empresas van haciendo su aparición los primeros olivares, que poco a poco se van alternado con limoneros y naranjos. 

 


 

Josep Plà escribió en 1921 en su libro “Illes Mediterrànies”: “Mallorca tiene pocos trenes. El más bonito, limpio, agradable, de los trenes de la isla es el de Palma a Sóller. Me aseguran que es un producto de la emigración de los sollerics. No me extraña nada. Sóller es una ciudad de emigrantes ricos. Los sollerics son la flor de Mallorca. Estos hombres han querido tener un buen tren. Más vale así. El tren Palma-Sóller, en un país en el que los trenes son un martirio, es cómodo y confortable. Está bien construido. Atraviesa la planicie de la isla, la llanura de almendros, de algarrobos, de sembrados y de campos de habas de la isla”.

 

Y es que fueron los propios habitantes de Sóller quienes fundador y pagaron en gran parte este ferrocarril. En aquel momento, necesitaban una mejor conexión entre su ciudad, económicamente prometedora, que estaba rodeada de montañas, y la capital de la isla. De hecho, en el siglo XIX, era más fácil llegar a Palma por mar que por las increíblemente sinuosas carreteras, resultado casi igual de complicado alcanzar Palma que Barcelona. 

 

 

Rumbo a Bunyola

 

Lo locomotora, que pasó a ser electrificada a partir del 14 de julio de 1929, conserva todavía ese aspecto amistoso de los trenes antiguos, con dos grandes faros redondos en la parte delantera simulando unos ojos bonachones y un enganche tal cual una nariz chata. Los hierros y las maderas chirrían y el vagón se tambalea de forma que los pasajeros apenas pueden permanecer en los bancos de madera. Estos asientos son reclinables de forma que siempre pueden estar orientados al sentido de la marcha. En primera clase, los asientos son de cuero, quizás algo más cómodos, conservando eso sí, el mismo aspecto desde su inauguración. Las ventanas se pueden abrir de par en par, algo que los fotógrafos agradecemos enormemente, aunque es conveniente no asomarse ya que en ocasiones, sobre todo en los túneles, las distancias con la pared o los postes son mínimas.   

 

A los diez minutos de marcha se llega a la estación de Son Sardina, la primera parada del trayecto, que se encuentra separada del casco urbano por la carretera de Sóller. A pesar de los primeros proyectos el edificio debía ser idéntico al de Bunyola, finalmente sólo se construyó en planta baja, como corresponde a las estaciones de segunda categoría, utilizándose normalmente por el jefe de la estación como vivienda y por los viajeros. Los pinos que se sembraron cuando se estableció esta estación tienen ahora unas dimensiones considerables y dan cierta notoriedad y oscuridad a la zona.

 

Desde aquí la línea corta interminables hileras de almendros y notables ejemplares de algarrobos. Después llegan los Apeaderos de Son Reus, de Santa María y de Caubet, donde el tren ya se enfila rumbo a Bunyola. 

 

Antes de llegar a la estación de Bunyola, el ferrocarril transita sobre un terraplén, cuyo tramo central e inferior lo ocupan dos puentes cercanos construidos para respetar el Camino de Sa Cantina (Caubet Nou) y el Camino de Montaña. Este último era utilizado antiguamente para trasladar ganado en régimen de trashumancia desde los agotados pastos veraniegos del migjorn mallorquín a los de la Serra, en el Teix. Atravesadas una serie de taludes, y después de una larga curva a derecha, se entra en la estación de Bunyola.

 


Estación de Bunyola

 

Esta situada justo en la entrada de la ciudad, a los pies de la Serra d’Alfàbia. La estación se conserva prácticamente como antaño, hace más de cien años, presidida por un edificio principal y una subcentral eléctrica que data del año 1929. Junto a ella se extienden jardines y campos de limoneros que inundan el ambiente de aroma cítrico. 

 

Estamos justo a la mitad del viaje, donde comienzan los paisajes más sublimes del recorrido, en un entorno rodeado de montañas infinitas.

 


 

Rumbo a Sóller

 

A partir de la estación de Bunyola un sistema de taludes, trincheras y túneles nos hacen pasar inesperadamente de la luz a la sombra y sirven para situarnos en poco menos de tres kilómetros en la boca sur del túnel mayor o de Alfabia, de 2.856 metros de largo.

 

Desde Alfàbia a la estación de Sóller se recorren unos diez kilómetros complicados, con zonas de luz y otras zonas a oscuras, con tramos en los que el tren parece ir colgado y otros, encajado, y donde se pierde el sentido de la línea recta. En este sector fue necesaria la construcción de dos viaductos y once de los trece túneles por los que circula el tren a lo largo de toda la sección, entre ellos el túnel mayor (2.856 metros de longitud que fueron excavados en tres años: 1907-1910).

 

Después de algunos fundidos a negro el tren llega al mirador Mirador Pujol de'n Banya, donde se tiene 10 minutos para que los pasajeros puedan bajar y tomar fotografías de las vistas sobre el fértil valle de Sóller y la ciudad asomando al final. Un par de túneles después llega uno de los momentos más esperados, el viaducto de Montreals, también llamado de los cinco-puentes, en referencia a sus cinco arcos, con una longitud total de 52 metros. Después, todavía quedan cinco túneles más antes de hacer entrada en la estación de Soller, en la que sino fuera por las palmeras, tendríamos la sensación de haber llegado a algún pequeño pueblecito de los Alpes. 

 

 

Un poco de historia

 

El Sr. Luis Bovio, contratista de obras, fue el encargado de la construcción del ferrocarril. Para ello, adquirió la pequeña locomotora 020T, que en aquel momento poseía los Ferrocarriles de Mallorca. Esta locomotora había sido fabricada en Inglaterra por "The Falcon Engine & Car Works Ltd., Loughboroug" en 1891, con el número de fábrica 198. En sus inicios, trabaja como maquina tractora de maniobras en el puerto de Palma, en la línea de tranvía que atravesaba la ciudad. En honor a sus hijas, el Sr. Bovio la bautizó con el nombre de "María Luisa". En esa época, esta pequeña locomotora realizó proezas impresionantes que todavía hoy en día se rememoran.

 

Las obras comenzaron un 3 de junio de 1907, con los trabajos iniciándose simultáneamente en Palma y Sóller. Después de un año, el equipo que partió de Palma llegó a Bunyola, donde se encontraron con el desafío principal de la línea: la Sierra de Alfàbia, que requería la construcción de un túnel de 2856 metros que atravesara el tortuoso "Coll de Sóller". Se tuvieron que excavar varios túneles y trincheras. El 19 de agosto de 1911, la locomotora María Luisa, victoriosa, llegó hasta el mirador "de's Pujol de'n Banya". El primer tren de obras llegó a Sóller el 30 de septiembre del mismo año.  

 

La pequeña locomotora María Luisa tuvo el privilegio de inaugurar la línea de manera no oficial. Llevaba un coche salón prestado por la Compañía de los Ferrocarriles de Mallorca, transportando a los principales responsables del proyecto concluido: el Sr. Jeroni Estades i Llabrés, el Sr. Pedro Garau y Antonio Maura, el 7 de octubre de 1911.

Titulo contenidos relacionados - Blog
Asset Publisher
María González: «Se percibe a Baleària como una empresa fuerte, moderna e innovadora»
historias-del-mar

María González: «Se percibe a Baleària como una empresa fuerte, moderna e innovadora»

  En septiembre de 2022, María González Moraleda asumía el puesto de capitana del ferry Passió per Formentera.   Un día feliz para Baleària, que sumaba una nueva mujer al mando, y para María, que se había incorporado 15 años antes a la compañía como auxiliar de pasaje y, mientras desarrollaba otras responsabilidades a bordo, estudió náutica, lo que le permitió pasar a ser oficial de puente hasta llegar a ser la máxima responsable del Passió per Formentera, el ferry en el que ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional. Estabilidad   «Gracias a mis logros profesionales, en lo personal he conseguido tener una estabilidad y una felicidad que me llena plenamente», explica la capitana González, cuyo trabajo final de máster en la Escuela Técnica Superior de Náutica de la Universidad de Cantabria fue una guía para el trincaje en ferries de línea regular a través de la cual se busca el equilibro entre seguridad y la rapidez en la operativa. Algo primordial en el buque que manda la capitana González, ya que el Passió per Formentera enlaza varias veces al día Ceuta con Algeciras y es esencial para asegurar la conectividad aun en condiciones de mar adversas. Desde que embarcó en Baleària como auxiliar de pasaje, María González se sorprendió de la coordinación y el compañerismo a bordo para la consecución de los objetivos y, en especial, para que los embarques y desembarques se pudieran realizar con rapidez y seguridad.     Sobre la evolución de Baleària, la capitana González considera que la naviera «ha crecido tanto por sus servicios, como por su implicación con el medioambiente y sobre todo porque siempre ha tenido una gran visión de mercado, expandiéndose en muy poco tiempo». Para ella todo ha pasado muy rápido: «Han sido unos años de cambios y crecimiento que he vivido con gran motivación e ilusión por seguir creciendo. Tengo muy buenos recuerdos en general, pero sobre todo cada vez que he ascendido; para mí son, sin duda alguna, mis mejores recuerdos». Compañía líder   La realidad de Baleària, reflexiona María González, ha llevado a que la sociedad la perciba como una gran empresa, fuerte, moderna e innovadora. «Por ello somos líderes», recalca. Baleària,  contrapone la capitana, también ha pasado por momentos duros, «pero ha sabido en todo momento mantenerse a flote y salir adelante con una gran estrategia y convertirse en la empresa líder del sector marítimo español». También reseña que los momentos más duros fueron los años de la COVID-19: «La incertidumbre de lo que pasaría nos invadía a todos». Cuando, en 2006, María González se incorporó a Baleària dejó atrás, tras una mala experiencia, un trabajo como directora comercial de una agencia de publicidad. Fue su hermana gemela, Carolina, que por aquel entonces trabaja en Buquebus como auxiliar de pasaje en el Patricia Olivia, quien le animó a embarcarse «y probar suerte en el fantástico mundo del mar». Durante el proceso de absorción de Buquebus por parte de Baleària, un día Carolina no llegó al embarque; había fallecido en un accidente de tráfico. «Ella se dirigía al barco y no llegó y yo estaba de descanso ese día. Al despertarme mi vida cambió de la noche a la mañana. Creo que en ese momento se creó un gran vínculo entre Baleària y yo», recuerda, sin ocultar su dolor, la capitana.


Read more
Cinco parajes naturales que visitar en Mallorca
guias-viajes

Cinco parajes naturales que visitar en Mallorca

  La isla de Mallorca es un lugar estupendo para perderse y disfrutar de unas merecidas vacaciones. Pero este destino no es solo playa, también tiene distintos parajes naturales que son como un oasis y no son tan visitados como otras zonas de la isla en estos meses de temporada alta. ¿Quieres conocerlos? ¡Hoy te los descubro!   Albufera de Alcúdia   La Albufera de Alcúdia, situada entre los municipios de Muro y Sa Pobla, es una de las áreas húmedas más destacadas y extensas de las Baleares, abarcando una superficie de 2,036.23 hectáreas.   Parte de los humedales se formaron en la era terciaria, aunque la zona húmeda actual se desarrolló hace menos de 100,000 años. Por otro lado, las dunas litorales son más recientes, con aproximadamente 10.000 años de antigüedad. La Albufera de Alcúdia ofrece la oportunidad de realizar rutas a pie y en bicicleta, lo que la convierte en un destino ideal para ir en familia y disfrutar de un día diferente en la isla. Durante estas rutas, se puede explorar la belleza natural de los humedales, observar aves y sumergirse en un entorno tranquilo.     Cuevas del Drach   Las Cuevas del Drach están consideradas como las cuevas más espectaculares de Mallorca y se encuentran en la costa este de la isla, en la localidad de Porto Cristo. Esta belleza natural está compuesta por cuatro cuevas interconectadas: la Negra, la Blanca, la de Luis Salvador y la de los Franceses. Con una profundidad de 25 metros y una longitud de 2,4 km, estas cuevas se formaron hace 11 y 5,3 millones de años.   El punto destacado de las Cuevas del Drach es el lago Martel, uno de los lagos subterráneos más grandes del mundo. Con 170 metros de largo, 30 metros de ancho y una profundidad de 4 a 12 metros. Durante la visita, se puede disfrutar de un concierto de música clásica en el anfiteatro, donde las luces se apagan y los músicos aparecen en barcas iluminadas, creando una experiencia mágica. Al finalizar el concierto, se puede cruzar el lago en una pequeña embarcación, añadiendo un toque especial a la visita.   Parque natural de Es Trenc-Salobrar   El Parque Natural de Es Trenc-Salobrar de Campos protege un área total de 3,768 hectáreas. Esta zona se caracteriza por sus dunas y vegetación, así como por la arena blanca y aguas cristalinas de las playas del Marqués, Es Trenc y Ses Covetes. Es un lugar imprescindible para visitar en Mallorca en verano y disfrutar de un buen chapuzón en playas vírgenes.   Parque natural de Mondragó   El Parque Natural de Mondragó fue declarado reserva natural en 1992 y abarca un conjunto de calas y barrancos situados entre Portopetro y Cala Figuera. En Mondragó, desembocan dos torrentes, el torrente de S'Amarador y el de ses Coves del Rei, lo que crea las zonas húmedas de S'Amarador y Font de n'Àlis (conocida como cala Mondragó). Además de las dos calas principales, en el parque natural se pueden encontrar el caló d'en Borgit, el caló d'en Perdiu y el des Sabinar.   El parque destaca por sus paredes de piedra en seco, las barracas ‘de roter’ utilizadas por los agricultores para guardar el ganado, así como los hornos de cal y las carboneras.   Un entorno idílico donde desconectar y disfrutar de la pura esencia mediterránea.   Reserva natural de Sa Trapa   La Reserva Natural de Sa Trapa es una joya natural que ofrece unas vistas espectaculares de Sa Dragonera y cala en Basset desde el mirador del monasterio de Sa Trapa, hogar de los antiguos monjes trapenses (de ahí la denominación de Sa Trapa).   Se puede realizar una preciosa excursión a pie desde el Coll de Sa Gramola (3 horas y 30 minutos, no circular) o desde Sant Elm (2 horas circular) para llegar hasta el monasterio y mirador. Este lugar es perfecto para conectarse con la naturaleza y disfrutar de la belleza escénica que Mallorca tiene para ofrecer.    


Read more
Bloque Cancelación funcionando - EN

The freedom to travel with your car

And take all your belongings with you

Travel with your pets

Enjoy pet-friendly accommodation on our ships

We look after the planet

More sustainable ships, circular economy, biodegradable packaging, etc.

Flexible cancellations

Cancel without penalty with our Reducida Fare