‘Road trip’ por los alrededores de Algeciras

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Rodeada de parques naturales, Algeciras tiene una ubicación afortunada. Mientras se baña en aguas del Atlántico y del Mediterráneo, a apenas unos kilómetros cuenta con una serie de pequeñas poblaciones costeras que se parecen mucho al paraíso. También pueblos montañosos que invitan a descubrir paisajes de otra época. Bonitas carreteras llevan hasta cada destino, que en conjunto componen la perfecta tentación para organizar un road trip gaditano que puede durar un día, una semana o toda una vida.

El primer destino se ubica a 27 kilómetros hacia el norte. En pleno Parque Natural de Los Alcornocales se levanta el castillo de Castellar de la Frontera. Una vieja fortaleza que fue rehabilitada en los años 60 hoy convertida en hotel y cuya medina interior está habitada por un puñado de vecinos y multitud de coloridas macetas que iluminan los blancos callejones. Con miradores al Estrecho de Gibraltar y al embalse del Guadarranque, la aldea es perfecta para la desconexión y para conocer una naturaleza donde el alcornoque y la encina son los principales protagonistas.

Una sinuosa carretera lleva hasta la costa para continuar junto al Parque Natural del Estrecho hasta a Tarifa, apenas a una veintena de kilómetros de Algeciras. El centro histórico, rodeado por murallas, es uno de sus mayores atractivos. Pequeñas calles salpicadas de plazas conforman un urbanismo típicamente árabe, repletas ahora de numerosas tiendas de moda y pequeños cafés de estilo informal. La gastronomía ofrece aquí algunas paradas obligatorias para tapear y disfrutar del pescado más característico de la zona, el atún. El Francés es uno de los restaurantes más interesantes, como también lo es El otro Melli, con una estupenda terraza en la que saborear el sol gaditano y los productos del mar. Junto al puerto, Las Campanas es uno de esos establecimientos frecuentados por lugareños para disfrutar de un buen menú, que puede estar compuesto por unas sabrosas ortiguillas fritas o unas cañaíllas recién recogidas. No hay que perderse el recinto del Castillo de Guzmán el Bueno ni, tampoco, los originales dulces de la pastelería La Tarifeña, siempre a rebosar.

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Playa de la Bolonia (foto: Turismo de Cádiz).

La Nacional IV continúa junto a la playa de los Lances hasta la de Valdevaqueros, donde las cometas surcan el vuelo para placer de los amantes del kite surf. Bonitos chiringuitos como Tumbao se reparten los alrededores junto a hoteles de aires surferos y diversas áreas de camping. Merece entonces la pena desviarse hacia Punta Paloma por un estrecho camino que a veces desaparece bajo la duna de Valdevaqueros. Un exquisito lugar para disfrutar de la arena, el viento salvaje y preciosas vistas de la costa.

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Paseo a caballo por la playa de Zahara (foto: Nacho Sánchez).

La carretera se aleja entonces del Atlántico en dirección a Conil de la Frontera. Antes, no hay que perder de vista el desvío hacia la preciosa playa de Bolonia, donde además de la altísima duna del mismo nombre (declarada monumento natural) y la vieja ciudad romana de Baelo Claudia, se esconde uno de los mejores restaurantes de Andalucía. Es familiar, se llama Las Rejas y sirve un atún en manteca inigualable, además de pescados del día y sabrosos arroces. De vuelta a la ruta principal, un poco más adelante un nuevo desvío se acerca esta vez hacia la pequeña población de Zahara de los Atunes. Pueblo blanco y marinero con playas kilométricas, dispone de un sinfín de restaurantes. El atún de Casa Juanito, el bao de cangrejo en Ramón Pipi o los satays de atún de la Taberna Trasteo merecen por sí mismos un viaje. Como también una excursión a la playa de El Cañuelo, junto al faro de Camarinal y los sorprendentes búnquers de la Guerra Civil.

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Bao de cangrejo en Ramón Pipi.

El road trip puede seguir entonces por la A-2231 en dirección a Barbate, donde se ubica el exquisito restaurante El Campero y, atravesando el Parque Natural de La Breña, llegar hasta las playas de Caños de Meca para pasear junto al faro de Trafalgar y ver atardecer en la infinita costa de El Palmar. Una penúltima escapada lleva hasta Vejer de la Frontera, pueblo típicamente árabe con un urbanismo laberíntico cuyos secretos se pueden desgranar gracias a las rutas guiadas y cantadas del equipo de Marimantas Vejer.

Finalmente, el viaje culmina en Conil de la Frontera (a 80 kilómetros de Algeciras). Es el momento de olvidarse del coche y acercarse a la plaza Puerta de la Villa y pedir un montadito de marrajo en el bar Los Hermanos o unas sardinas ahumadas en Feduchy Tapas. A partir de ahí, lo mejor es adentrarse en el casco histórico de Conil, seguir tapeando en la taberna El Capricho o el verdiblanco Bar Andaluz para seguir luego dejándose llevar por unas calles peatonales llenas de vida, alegría y sentido del humor.

Nacho Sánchez | Periodista

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