València: entre huerta, diseño y mar
Blog entreolas

València: entre huerta, diseño y mar

Por Aitana Tomás P.


 

Te proponemos una escapada sensorial para (re)conectar con la esencia de la capital del Turia. València se ha convertido en uno de los destinos más apetecibles del Mediterráneo en cualquier época del año: creativa, luminosa, cercana y con mucho que contar.

 

La ciudad, con más de 2.000 años de historia, se despliega entre lo clásico y lo  contemporáneo, donde las torres medievales y los edificios modernistas conviven con arquitectura de vanguardia y barrios que todavía conservan el alma de vecindario.

 

Torres de Serrano
 

 

DÍA 1
10:00

Descubriendo Ruzafa. Este barrio ha sabido mezclar tradición con modernidad sin perder su identidad: locales con propuestas culturales conviven con mercerías de toda la vida. Aquí todo ocurre con ritmo de barrio: panaderías con décadas de historia, puestos de flores, talleres de artistas y pequeñas galerías que respiran a Mediterráneo. Su mercado es una visita obligada. Déjate guiar por los colores y continúa el paseo hasta Bartleby, una librería donde los libros se apilan con el mismo cariño con el que se sirven cafés.


11:30
Centro histórico. Cruza al Carmen, ese centro histórico que no se cansa de mirarse al espejo. La Fundació del Disseny en el antiguo Colegio del Arte Mayor de la Seda es parada obligatoria. Después, la iglesia de San Nicolás, con sus frescos que parecen suspendidos en el aire. Si es jueves, puedes visitar la Catedral para ver al Tribunal de las Aguas tomar decisiones con solemnidad milenaria. Cerca, la Lonja de la Seda sigue en pie como testigo de una València próspera, sedosa, marítima. Por esta zona también encontrarás tramos de la antigua muralla medieval. Algunos están integrados en edificios modernos, y otros —como el que se puede visitar en el subsuelo del IVAM— permiten imaginar la València amurallada del siglo XIV.

 

Iglesia de San Nicolás
 


14:00
Decorado modernista. Ahora toca un paseo entre las cúpulas modernistas del Mercado Central, respira hinojo y azafrán. Compra algunas piezas de fruta, dale un bocado a una de ellas y disfruta del bullicio. Todo está vivo. Muy cerca, el silencio dorado de la Lonja sirve de contrapunto a tanto jaleo. Y si aún hay tiempo, meterse en alguna de las pequeñas iglesias escondidas del casco antiguo puede ser revelador. Un plan alternativo puede ser seguir la nueva ruta cultural dedicada a Hemingway, un recorrido por los lugares que marcaron el paso del escritor por la ciudad en los años 50: desde su hotel en la plaza del Ayuntamiento hasta las tertulias taurinas en la plaza de toros o sus paseos junto al Turia. La ciudad revela otra capa de su historia a través de los ojos de quien la vivió intensamente. También vale la pena desviarse hasta la Estación del Norte, con su impresionante decoración modernista: mosaicos, azulejos y maderas nobles que relatan una València ferroviaria y artística.

 

Estación del Norte
 


16:00
Tarde de museos sin prisas. Nuestra propuesta: empieza por el Museo de Bellas Artes, con sus nuevas salas dedicadas a Sorolla. Continúa hacia el Museo Nacional de Cerámica en el palacio más recargado que puedas imaginar. Y termina en el IVAM, que siempre te remueve con sus exposiciones valientes. Si hay ganas, asomarse al Centre Cultural La Nau para ver qué exposición o actividad propone la Universitat siempre es buena idea. Este triángulo artístico del centro permite conectar con distintas épocas, estilos y formas de entender el arte y la ciudad.


19:00
Pon rumbo a Alboraya. Allí te espera la Alquería El Machistre. Entrar en esta casa es como entrar en un capítulo antiguo de nuestra historia. El museo de la horchata no es solo eso: es un homenaje a los agricultores, a las raíces. Y esa horchata final, fresquita, con D.O., sabe a verdad y a infancia en casa de los “iaios”. Pasear por los campos que rodean Alboraya al atardecer es otra forma de descubrir la esencia de esta tierra: naranjos, chufas, caminos de tierra y cielo abierto. Respira.

 

Interior del Mercado Central
 


21:00
Vistas desde el Miguelete. De vuelta a la ciudad cuando cae el sol, dirígete a la Plaza del  Ayuntamiento y sube hasta la Plaza de la Virgen. La fuente del Turia burbujea, la Catedral se enciende y suenan campanas a lo lejos. Si aún te queda energía, sube al Miguelete, el campanario de la catedral. Desde allí, tienes València a tus pies. Sus tejados, sus calles en calma y las luces de la ciudad crean una estampa difícil de olvidar. Respira y regálate una buena cena en alguno de los restaurantes cercanos.

 

 

Torre del Miguelete
 


DÍA 2
9:00

Hoy toca mar. Cabanyal, con sus fachadas de azulejos, sus calles vivas, sus recuerdos de barrio marinero. Aquí todavía huele a leña y a mar. Este barrio también invita a callejear sin rumbo, descubriendo talleres de artistas, centros vecinales y solares reconvertidos en huertos urbanos o murales poéticos.

 

El Cabanyal
 


11:00
Visita a la Fábrica de Hielo. Este es uno de esos lugares que solo podrían existir en València: híbrido, cultural, informal. Siempre hay algo pasando. Exposiciones, niños dibujando, gente leyendo, un concierto al fondo. Si quieres saber más sobre el barrio, súmate a una de las rutas guiadas que explican cómo este lugar resistió el olvido y volvió a respirar. Las historias de quienes lucharon por protegerlo de la especulación son parte viva de su carácter.


13:30
En la Marina camino a la Ciutat de les Arts i les Ciències. Pasea entre veleros, palmeras y terrazas donde las familias se encuentran con el mar. La playa de la Malvarrosa sigue siendo ese lugar de obligada visita en cual10 quier época del año. Desde aquí, puedes acercarte a la Ciutat de les Arts i les Ciències para visitar dos imprescindibles: el Museu de les Ciències, con sus exposiciones interactivas que despiertan la curiosidad científica de grandes y pequeños, y el Hemisfèric, donde vivir una proyección envolvente en su pantalla cóncava de cine IMAX. Una experiencia familiar que suma diversión, aprendizaje y asombro.

 

Ciutat de les Arts i les Ciències
 


16:00
Tarde de barca en la Albufera. El embarcadero de El Palmar te espera. Descubre la historias de estos arrozales a través de un guía mientras surcas sus aguas. De regreso, puedes visitar alguna de las torres mirador que vigilan los campos desde hace siglos.


19:30
Cena en El Palmar, en una barraca, como se ha hecho toda la vida. Si el cuerpo pide moverse un poco más, Ca Pepico, en Alboraya, es una joya de verdad. Todo queda cerca en esta València que, a veces, parece hecha para pasearse sin mapa. Incluso puedes estirar el paseo nocturno por los caminos del Parque Natural, a la luz de la luna.


22:30
La noche cae suave en la Marina. Con la brisa, las luces, el murmullo de quienes alargan el día. València se despide como sabe: acogedora, viva, y abierta a desvelarte su esencia entre huerta, diseño y mar.

Aggregatore Risorse
Ibiza: molto più che discoteche
Guías de viajes

Ibiza: molto più che discoteche

  Ibiza è stata la destinazione turistica che ha resistito meglio alla crisi del Covid nel 2021, quando le restrizioni impedivano ancora l’apertura dei club. Le sue calette, la gastronomia, i mercatini e la ricchezza del patrimonio culturale, riconosciuto come Patrimonio dell’Umanità, spiegano perché l’isola abbia mantenuto la propria attrattiva anche nel momento peggiore.   Con una superficie di 572 chilometri quadrati, qualsiasi punto dell’isola è facilmente raggiungibile. Eppure si riparte sempre con la voglia di fermarsi qualche giorno in più per continuare a scoprirne le attrazioni.   Giorno 1: 09:00 Colazione a Santa Gertrudis. È il cuore dell’isola, uno dei paesi più pittoreschi e noti per la propria offerta gastronomica. La sera il centro pedonale è molto affollato, ma al mattino è anche il luogo ideale per fare colazione lontano dal vortice turistico. Due ottime proposte sono il classico Bar Costa, con panini di pane al pomodoro e salumi, oppure il cosmopolita Musset Café, con un brunch vario che comprende opzioni vegane.   Santa Gertrudis 10:00 Il ponte del «fameliar». In appena 15 minuti di auto si arriva a Santa Eulària des Riu, che prende il nome dal fatto di avere l’unico fiume delle Baleari. Oggi nel tratto finale rimane soltanto un canale di acqua salmastra, ma vale la pena percorrere la passeggiata che parte dal vecchio ponte, dove secondo la leggenda nasce uno dei folletti della mitologia ibizenca, il fameliar.   11:00 La chiesa fortificata. A pochi metri dal ponte sorge il Puig de Missa, una collina coronata dal principale esempio delle chiese fortificate che secoli fa servivano da rifugio contro gli attacchi barbareschi.   Puig de Missa, con il Mediterraneo sullo sfondo 12:00 Snorkeling sulle spiagge del nord. Il nord dell’isola si distingue per la costa frastagliata, interrotta da calette sabbiose e punteggiata di isolotti. Questo paesaggio la rende un luogo privilegiato per lo snorkeling. Un ottimo esempio si trova nella bahía de Xarraca, con la cala omonima, l’angolo di S’illot des Renclí e Cala Xuclar. 15:00 Pranzo sul mare. A S’illot des Renclí si trova un buon ristorante dove assaggiare l’iconico bullit de peix, uno stufato di pesce servito in due portate con arroz a banda, mentre la raccolta Cala Xuclar ospita un piccolo chiringuito con pesce fresco.   Il «bullit», piatto tipico di Ibiza 18:00 Il paese dei mercatini. Sant Carles fu l’epicentro degli hippy e nei dintorni si trovano i due mercatini emblematici dell’isola: Punta Arabí, aperto il mercoledì, e Las Dalias, meta di pellegrinaggio ogni sabato e nelle sere di lunedì, martedì e domenica. 21:00 Per iniziare la serata. Di fronte alla chiesa di Sant Carles si trova Ca n’Anneta, un bar dove il tempo sembra essersi fermato. La sua fama è legata alle tapas popolari, ai montaditos e soprattutto a un celebre liquore artigianale alle erbe. Giorno 2: 09:00 Colazione davanti alle mura. Il Croissant Show è famoso per le colazioni a base di pasticceria francese davanti al Portal de ses Taules, l’ingresso principale alle mura rinascimentali della capitale dell’isola.   09:30 Dalt Vila, Patrimonio dell’Umanità. All’interno della cittadella le visite imperdibili sono la chiesa di Santo Domingo, la cattedrale e i sette bastioni. Vale anche la pena perdersi tra i vicoli e rilassarsi con un cocktail, un succo fresco o una buona tapa da S’Escalinata. La scalinata in pietra con i pouf colorati è uno degli angoli più fotografati di Dalt Vila.   S’Escalinata, a Dalt Vila, è un’ottima scelta per tapas e drink 11:30 Il cimitero fenicio-punico. Dopo essere usciti dal Portal Nou, arriviamo alle porte del Museo d’Es Puig des Molins, dedicato alla necropoli fenicio-punica più importante del Mediterraneo. La visita comprende un percorso negli ipogei, gallerie funerarie scavate a partire dal VII secolo a.C. 13:00 Siti archeologici. Il percorso storico si completa con due siti che meritano una visita anche solo per la loro posizione. L’insediamento fenicio di Sa Caleta, accanto a una piccola cala di pescatori, fu il primo nucleo urbano dell’isola. A 15 minuti di auto, l’insediamento rurale ses Païsses de Cala d’Hort comprende resti punici, romani e bizantini e la casa contadina di Can Sorà. 15:00 Pranzo davanti a es Vedrà. Il maestoso isolotto di es Vedrà cattura tutta l’attenzione fino a Cala d’Hort. Si può continuare a godersi il panorama con gli ottimi piatti di riso del Restaurante El Carmen e trascorrere poi il pomeriggio in spiaggia. 20:00 Tramonto nella baia di Portmany. La parte sud della baia sta guadagnando popolarità per ammirare il tramonto grazie a luoghi come il chiringuito Es Puetó, il chill-out del Kumharas o il nuovo auditorium di Es Caló de s’Oli. 21:30 Cena nella capitale gastronomica. Sant Antoni si è affermata come mecca gastronomica dopo che Es Tragón ha ottenuto la prima delle due stelle Michelin che distinguono i ristoranti dell’isola. Nel centro storico spicca lo storico Es Rebost de Can Prats, grande punto di riferimento della cucina tradizionale locale.


Leggi altro
Mallorca: los secretos del bosque de Bellver
Guías de viajes

Mallorca: los secretos del bosque de Bellver

  El bosque de Bellver se considera Parque Histórico Natural, y es de titularidad municipal desde 1931.   Ocupa una superficie de 126 hectáreas y es el espacio de dominio y uso público más extenso de Palma. Se encuentra a tan solo 3 kilómetros del centro de la ciudad y se puede acceder en transporte público.   Sa Pujada El camino original al Castillo de Bellver parte de la plaza Gomila. Por la calle de Bellver, entre modernas construcciones de los años 70 y bellos edificios modernistas de principios del siglo XX, llegamos al acceso principal y más antiguo del interior del bosque que viste la montaña conocida como El puig de la Mesquita (topónimo recogido en época medieval). Esta vía fue construida en 1859, sobre el viejo trazado original, con motivo de la visita de la reina Isabel II a Palma. La escalinata, larga y empinada, que tenemos justo enfrente es la que se conoce popularmente como Sa pujada y constituye un paseo muy concurrido por deportistas y visitantes.     Capilla de San Alonso Rodríguez Se encuentra a medio camino, entre el portal del bosque de Bellver y el castillo, a mano derecha de Sa pujada. La capilla de San Alonso Rodríguez fue construida entre 1883 y 1885 en el lugar donde, según una tradición local, la Virgen María se le apareció al santo portero de Monte Sión (conocida iglesia y convento de los jesuitas en el centro histórico de Palma desde el siglo XVI), hacia el año 1572, para secarle el sudor y aliviarle de un súbito malestar que a punto estuvo de acabar con su vida.       El Castillo de Bellver Concebido como residencia real, el Castillo de Bellver se halla situado sobre un montículo a 112,6 metros de altura sobre el nivel del mar, dominando la bahía y gran parte de la isla de Mallorca. Su construcción se inició en 1300 por orden de Jaime II, rey de Mallorca. Los trabajos de la mole duraron nueve años y los de ornamentación se terminaron más tardíamente.     Las Cuevas de Bellver Todo el material necesario para la construcción del castillo -miles de sillares de marés (arenisca)- se extrajo de unas canteras situadas en el interior mismo de la montaña, a unos 35 y 70 metros por debajo del patio de armas. Ocupan una superficie de 30.000 m2 y sus accesos se encuentran próximos a las instalaciones de la sección montada de la Policía Local de Palma (acceso a pie por la esplanada del aparcamiento superior). Durante la Guerra Civil (1936-1939) se habilitaron como almacén militar de combustible y munición. Actualmente no se pueden visitar porque no reúnen las condiciones de seguridad necesarias para grandes grupos de personas.       Un polvorín del siglo XVII Des de la esplanada de juegos infantiles podemos salir al barrio del Terreno -conocido así por haber sido edificado a mediados del siglo XIX sobre un terreno del Real Patrimonio del Estado- y regresar a la plaza Gomila por la calle Polvorín, topónimo que nos remite a la posible existencia de un almacén de munición en el siglo XVII (1686) en el interior del bosque de Bellver. Durante este breve recorrido podemos identificar las casas que ocuparon en tiempos pasados importantes escritores y artistas de la talla de Santiago Rusiñol, Gertrude Stein o el nobel español Camilo José Cela Trulock.    


Leggi altro