
En una pared casi vertical del cono volcánico de la Montaña del Gallego, en Gran Canaria, cuelga el Cenobio de Valerón, una cueva-granero con más de 300 silos que nos habla del ingenio de los antiguos canarios para almacenar y proteger sus semillas. Cuestión de supervivencia.
Víctor Hugo decía sobre el ingenio: «Lo que conduce y mueve al mundo no son las máquinas, sino las ideas». A esa afirmación habría que añadir, en el caso que nos ocupa, la necesidad. Porque fue precisamente la conjunción de ingenio y necesidad lo que llevó a los antiguos aborígenes de Gran Canaria —de origen bereber— a construir, en el siglo XII, un granero fortificado para almacenar y proteger cereales y otros alimentos frente a saqueadores, piratas y otros amigos de lo ajeno. Hoy conocemos ese lugar como el Cenobio de Valerón.
Para alcanzar ese doble objetivo de almacenamiento y defensa, los antiguos canarios supieron aprovechar al máximo su entorno. Eligieron como emplazamiento la Montaña del Gallego, en el actual municipio de Santa María de Guía, un cono volcánico cuya pared vertical orientada al sur —protegida de los vientos alisios— escondía una caverna natural de unos 20 metros de altura por 27 de ancho.
Un legado tallado en roca
A partir de ahí, se pusieron manos a la obra excavando en la toba volcánica, una roca porosa y fácil de trabajar, con herramientas rudimentarias de piedra y madera. El resultado: más de 300 silos distribuidos en ocho galerías interconectadas, que hoy pueden visitarse tras la última obra de acondicionamiento llevada a cabo entre 2022 y 2024 para devolverlo a su estado natural.

En este granero no todas las cámaras de almacenamiento son iguales, presentan distintos tamaños y, según los restos hallados, se cerraban con puertas de madera o lajas de piedra. Algunas de ellas están comunicadas entre sí, y al menos cuatro o cinco destacan por su mayor tamaño: los arqueólogos de Arqueocanaria afirman que estas pertenecieron «casi con total seguridad» a los guardianes del granero, encargados de su vigilancia permanente. También está documentado que el Cenobio de Valerón funcionó como granero colectivo desde el siglo XII hasta finales del siglo XV.
Actualmente, el análisis genético de semillas halladas en el lugar busca determinar si fue utilizado también en otros periodos. Esta investigación es compleja, ya que durante las primeras obras realizadas en 1974 para abrirlo al público se vaciaron y limpiaron muchos silos, eliminando parte de los restos originales. En cualquier caso, más de ocho siglos después de su construcción, el Cenobio de Valerón, declarado Bien de Interés Cultural en 1978, sigue en pie recordándonos el ingenio y la capacidad de supervivencia en un entorno hostil de los antiguos habitantes de Gran Canaria.
Mitos y leyendas: ¿Granero o convento?
El Cenobio de Valerón también es un lugar de leyendas, como la que afirma (723 resultados en Google) que las cámaras fueron estancias donde recluían a jóvenes vírgenes hasta el momento en que se esposaban, siempre custodiadas por las harimaguadas, una especie de sacerdotisas locales. De esa leyenda, que no ha pasado el factchecking de los arqueólogos, ha quedado su denominación actual de 'cenobio' o convento.