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Dénia, un puerto que vuelve a tener vida marina
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Dénia, un puerto que vuelve a tener vida marina


 

A simple vista, el puerto de Dénia es un espacio de tránsito: barcos que entran y salen, amarres, motores y mucha actividad día a día. Pero bajo la superficie del agua, algo ha empezado a cambiar.

 

Hoy comienzan a reaparecer peces, invertebrados y nuevas vidas que parecían haber desaparecido. En menos de seis meses, hasta 30 especies marinas autóctonas han vuelto a habitar este entorno del puerto gracias a un proyecto de renaturalización impulsado por Baleària

 

La iniciativa, desarrollada junto a la empresa Ocean Ecostructures, parte de una idea clara: los puertos no tienen por qué ser espacios ajenos a la vida marina. 

 

En octubre de 2024 se instalaron en el puerto de Dénia diez microarrecifes, estructuras diseñadas para imitar el funcionamiento de un arrecife natural y ofrecer refugio a la fauna marina sin interferir en la actividad portuaria.  

 

 

La ciencia confirma el cambio

Menos de seis meses después de su instalación, los resultados confirman que esta apuesta está funcionando. La monitorización realizada refleja un incremento de más del cien por cien en la variedad de especies en comparación con otras zonas del puerto donde no han intervenido.  

 

Además, no solo ha aumentado el número de especies, sino también la cantidad de vida presente. Las estructuras han generado más biomasa que las zonas cercanas sin intervención y han contribuido a mejorar la capacidad del entorno para capturar CO2, un indicador ligado a la salud del ecosistema.  

 

«Cuando los arrecifes artificiales se diseñan e implementan con rigor científico, permiten reconstruir hábitats degradados y generar beneficios reales y medibles para el medio marino», explica el investigador del CSIC Rafa Sardà. 

 

 

Tecnología al servicio del Mar

El proyecto incluye un sistema de seguimiento que permite observar cómo evoluciona el ecosistema con el tiempo. No se trata solo de instalar estructuras, sino de medir resultados y comprobar que la intervención funciona.  

 

Para Baleària, esta iniciativa forma parte de su estrategia de sostenibilidad. «Demuestra que es posible integrar la actividad portuaria con la renaturalización de los ecosistemas marinos, obteniendo resultados reales y medibles en un corto periodo de tiempo», señala Georges Bassoul, director general de la naviera.  

 

 

Barcelona: otro puerto que mira hacia la sostenibilidad

Lo que ocurre en Dénia no es un caso aislado. Las aguas del Port de Barcelona albergan actualmente hasta 700 especies registradas: caballitos de mar, sepias, doradas, rayas o pulpos forman parte de un ecosistema poco visible desde el muelle, pero sorprendentemente diverso.  

 

En el caso del Port de Barcelona, estos avances son el resultado de distintas acciones impulsadas por el propio ente portuario a lo largo del tiempo: mejoras en la renovación del agua, planes contra la contaminación marítima y nuevas normativas orientadas a reducir el impacto de la actividad portuaria. 

 

Tanto en Dénia como en Barcelona, el enfoque es similar: entender que un puerto no solo es una infraestructura, sino también un ecosistema. Los puertos contribuyen a la conectividad de los territorios, pero también empiezan a asumir un papel activo en la conservación del Mediterráneo.