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Formentera, refugio de los artesanos

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Por Josep Àngel Costa | Fotos: Sergio Cañizares

El mercado de La Mola, una de las citas indispensables en la isla, se mantiene como el microcosmos cosmopolita que atrajo a un efervescente grupo de creadores en los años setenta. Hoy, algunos de aquellos siguen al pie del cañón.

 

Mucho antes de que llegaran los hippies, un ceramista ibicenco se anticipó a su modo de vida.  Antoni Tur, conocido como Gabrielet, se retiró a Formentera en 1961, a los 44 años, para  entregarse por completo a su obra. Su vida austera y bohemia le convirtió en una figura casi mitificada por los jóvenes que trataban de seguir ese modelo.

 

«La casa de Gabrielet era un centro más allá de este mundo, siempre había algo de comida y podías quedarte allí charlando. Su cabra siempre comía con él y también tenía un cerdo como mascota», recuerda Marga Lesmes. Esta asturiana, una de las artesanas más veteranas del mercado de la Mola, llegó a Formentera hace 40 años con la intención de ganarse la vida como carpintera, después de haber estudiado ebanistería. «Conocí a un argentino que estaba dando la vuelta al mundo. Me dejó unos restos de cuero con los que hacía pulseras y con ese empecé a trabajar», indica. Con los años, se ha especializado en la joyería.

 


 

 

La Cabra de Gabrielet

La alemana Eva Baisl es uno de los rostros más populares del mercado desde su fundación, en 1984. Al principio, no eran más que seis puestos, frente a los 70 actuales. «Preparábamos un cubo grande de sangría y decorábamos con globos para que la gente se animara a venir con los niños. Gabrielet hacía espectáculos con su cabra, que se comía cigarrillos», evoca entre risas.


Como tantos otros, Baisl llegó a la isla para pasar unas vacaciones, a los 20 años, después de vendimiar en Francia y coincidiendo con la muerte de Franco. Su flechazo fue tal que, para ganarse la vida, se especializó en elaborar muñecas con los sacos de azúcar que compraba a 25 pesetas.


Para exhibir sus productos todos los miércoles y domingos, los artesanos alquilaban unos terrenos al pescador Juan Mayans, que al poco tiempo se hizo cargo del mercadillo. Su hijo Xavi tenía un año entonces y, tras crecer en este ambiente de creatividad, ahora es un joyero más. «Formentera te marca mucho. Estamos todo el tiempo en contacto con la naturaleza, sobre todo con el mar, y todos los colores y diseños se acaban inspirando en ella», sentencia.

 


 

 

Cuatro opciones. Mercadillos y horarios

El mercado de La Mola, el más importante de Formentera, se celebra todos los miércoles y domingos de 16 a 22 horas. En cada jornada se ofrece música en directo. El resto de la isla cuenta con los mercadillos de es Pujols, a diario a partir de las siete de la tarde; Sant Ferran, con este mismo horario todos los días salvo los miércoles y domingo, y el de Sant Francesc, que tiene lugar de 10 a 14 horas, excepto los domingos.

 

Un veterano. Enric Majoral, Premio Nacional de Artesanía

Uno de los fundadores del mercado de La Mola, el joyero sabadellense Enric Majoral, goza de reconocimiento internacional y fue distinguido con el Premio Nacional de Artesanía en 2007. «En esa época teníamos una sensación mágica de libertad que hizo que muchos de los que llegamos nos enamoráramos de inmediato de la isla. Formentera es un microcosmos, pero encuentras a todo el mundo representado».

 


 

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