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Los mejores amaneceres del Mediterráneo
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Los mejores amaneceres del Mediterráneo

Por M. Torres · M. Palmer · J. Torné · I. Sánchez


 

Los días se despiertan a solas. Mientras miles de personas rinden culto diario al ocaso alrededor del Mediterráneo, aún son pocos los que disfrutan del amanecer.

 

Un momento mágico, silencioso, místico. Y desconocido. Dorados, naranjas, rosas. Incluso rojos. Envueltos de piedras milenarias, sobre el mar, al resguardo de faros, entre coloridas vidrieras o recortando ciudades en el horizonte. Así son algunos de los amaneceres del Mediterráneo.

 

1- Sol exclusivo: Formentor, Mallorca

Si ves amanecer desde el punto más al norte de Mallorca, en la afilada península de Formentor y junto a su faro, creerás que el sol sale exclusivamente para ti.

 

2- Calidoscopio gigante: La catedral de Mallorca

Emplazaron la Seu para que, en el Solsticio de Invierno, el sol iluminara el rosetón del este y su luz impactara de nuevo en el del oeste, formando un calidoscopio gigante. En verano, el fenómeno no es exacto pero los rojos y amarillos del primer sol del día en la Bahía de Palma son igualmente mágicos.

 

3- Los primeros en ver el sol: Es Castell (Maó), Menorca

Tendría que ser un imprescindible de todos los que visitan Menorca. Madruga y dirígete al muelle de Cales Fonts, concretamente a la punta. Encontrarás la Porta d’Eos, una escultura del artista Francesc Calvet. Ya estás. Es justo aquí donde debes situarte para ser el primero de España en recibir los rayos del sol. El madrugón para disfrutar del amanecer que nos regala Cales Fonts, quizás uno de los rincones más bellos del puerto de Maó, es altamente recomendable.

 

4- El amanecer del mar dorado: Platja d’en Bossa, Ibiza

El sol se despierta entre Es Daus. Acaricia los islotes. Las sombras de Formentera y S’Espalmador aparecen sobre el horizonte, como si nacieran. Hasta entonces, en la oscuridad, no existían. Desde la arena de Platja d’en Bossa se aprecia cómo, con los últimos compases de la noche y los primeros de la mañana, el mar se llena de reflejos dorados.

 

5- Alba desde los baluartes: Dalt Vila, Ibiza

Acodarse en los centenarios muros de los baluartes que miran a Oriente. Respirar hondo. Esperar. Mirar cómo el día empieza desde la histórica atalaya. Ver cómo la luz del faro de Es Botafoc empequeñece mientras el sol se hace más grande, más intenso a cada segundo, hasta pintar de luz las piedras de los baluartes.

 

6- Impresionante sol: Playa de Llevant, Formentera

El día amanece en Formentera en la playa de Llevant. Un lugar al que se llega aún a oscuras y del que se vuelve con la impresionante estampa de los primeros rayos dando vida a las salinas y a S’Estany Pudent. Durante los minutos en los que el sol parece aún pegado al horizonte, las olas se tiñen de fuego.

 

7- En lo alto de la ciudad: Turó de la Rovira, Barcelona

Una de las mejores vistas para disfrutar de los amaneceres en Barcelona es desde el mirador del Turó de la Rovira, el punto más alto del parque del Guinardó, donde se encuentran los conocidos búnkeres del barrio del Carmel.

 

8- Entre rocas: Playa de Les Rotes, Dénia

Sentarse en una de las rocas del final de la playa de Les Rotes, en Dénia, con la silueta del cabo de Sant Antoni al fondo, visualizando el infinito hasta que por fin comienzan a aparecer los primeros destellos luminosos... un entorno agradable, tranquilo y atractivo para empezar el día entre rocas doradas.

 

9- Desde el paraíso: Playa de Sotogrande, San Roque (Cádiz)

Una de las últimas playas del Mediterráneo antes de que se mezcle con las aguas del océano Atlántico. Un lugar paradisíaco, sobre todo en la desmbocadura de los arroyos Guadalquitón y Barondo.

 

10- En una playa virgen: El Playazo, Rodalquilar (Cabo de Gata)

Esta playa virgen ofrece una oportunidad inmejorable para ver el amanecer desde el Parque Natural Cabo de Gata, en Almería. Y no sólo desde la orilla, también desde la duna fosilizada junto al Castillo de San Ramón.

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Ibiza: mucho más que discotecas
Guías de viajes

Ibiza: mucho más que discotecas

  Ibiza fue el destino turístico que mejor capeó la crisis del Covid en 2021, cuando las restricciones aún impedían la apertura de los clubs. Sus calas, gastronomía, mercadillos o la riqueza de su acervo cultural, distinguido como Patrimonio de la Humanidad, explican por qué mantuvo su auge en el peor momento.   Con 572 kilómetros cuadrados se puede acceder fácilmente a cualquier punto de la isla. Aun así, uno siempre se queda con ganas de pasar más días para seguir conociendo sus atractivos.   Día 1: 09:00 Desayuno en Santa Gertrudis. Es el corazón de la isla; uno de los pueblos más pintorescos y reconocidos por su oferta gastronómica. Por la noche, el centro peatonal está más que concurrido, pero también es el lugar ideal para un desayuno lejos de la vorágine del turismo. Dos buenas propuestas son el clásico Bar Costa, con sus bocadillos de pan con tomate y embutidos, o el cosmopolita Musset Café, con un brunch variado que incluye opciones veganas.   Santa Gertrudis 10:00 El puente del ‘fameliar’. En apenas 15 minutos en coche se llega a Santa Eulària des Riu, que recibe su nombre por contar con el único río de Balears. Ahora solo mantiene un canal de agua salobre en su tramo final, pero merece la pena por el paseo que parte del puente viejo, donde la leyenda dice que nace uno de los duendes de la mitología ibicenca, el fameliar.   11:00 La iglesia fortaleza. A pocos metros del puente se erige el Puig de Missa, una colina coronada por el mayor exponente de las iglesias fortificadas que, siglos atrás, servían de refugio ante los  ataques berberiscos.   El Puig de Missa, con el Mediterráneo al fondo 12:00 Snorkel en las playas del norte. El norte de la isla destaca por su costa abrupta, entrecortada por calas de arena y salpicada de islotes. Este paisaje las convierte en lugar privilegiado para disfrutar del snorkel. Un buen ejemplo se encuentra en la bahía de Xarraca, con la cala del mismo nombre, el rincón de S’illot des Renclí y Cala Xuclar. 15:00 Almuerzo junto al mar. En S’illot des Renclí se encuentra un buen restaurante para degustar el icónico bullit de peix, un guiso marino servido en dos vuelcos con arroz a banda, mientras que la recoleta Cala Xuclar alberga un pequeño chiringuito con pescado fresco.   El 'bullit', plato típico ibicenco 18:00 El pueblo de los mercadillos. Sant Carles fue el epicentro de los hippies y en sus cercanías se encuentran los dos mercadillos emblemáticos de la isla: Punta Arabí, abierto los miércoles, y Las Dalias, un punto de peregrinación todos los sábados y las noches de los lunes, martes y  domingo. 21:00 Para empezar la noche. Frente a la iglesia de Sant Carles, nos espera Ca n’Anneta, un bar donde se ha detenido el tiempo. Su fama se debe a las tapas populares, montaditos y, sobre todo, un famoso licor de hierbas artesanal. Día 2: 09:00 Desayuno frente a las murallas. El Croissant Show es famoso por sus desayunos de bollería francesa frente al Portal de ses Taules, la entrada principal a las murallas renacentistas de la capital de la isla.   09:30 Dalt Vila, Patrimonio de la humanidad. Dentro de la ciudadela, las visitas obligadas son la iglesia de Santo Domingo, la catedral y los siete baluartes. También merece la pena caminar sin rumbo por sus callejuelas y relajarse con un cocktail, un zumo fresco o una buena tapa en S’Escalinata. La escalera de piedra con sus pufs de colores constituye uno de los rincones más fotografiados de Dalt Vila.   S’Escalinata, en Dalt Vila, es una excelente opción para tapas y copas 11:30 El cementerio fenicio-púnico. Tras salir por el Portal Nou, llegamos a las puertas del Museo d’Es Puig des Molins, dedicado a la necrópolis fenicio-púnica más importante del Mediterráneo. La visita incluye un recorrido por los hipogeos, las galerías funerarias excavadas desde el siglo VII a.C. 13:00 Yacimientos arqueológicos. La ruta histórica se completa con dos yacimientos que merecen la pena por sus enclaves. El poblado fenicio de Sa Caleta, junto a una calita de pescadores, fue el primer núcleo urbano de la isla. A 15 minutos en coche, el asentamiento rural ses Païsses de Cala d’Hort abarca restos púnicos, romanos, bizantinos, y la casa payesa de Can Sorà. 15:00 Almuerzo frente a es Vedrà. El majestuoso islote de es Vedrà acapara toda la atención hasta Cala d’Hort. Se puede seguir disfrutando de sus vistas con los buenos arroces del Restaurante El Carmen y una tarde de playa. 20:00 Puesta de sol en la bahía de Portmany. La parte sur de la bahía gana terreno a la hora de  contemplar la puesta de sol gracias a lugares como el chiringuito Es Puetó, el chill out del Kumharas o el nuevo auditorio de Es Caló de s’Oli. 21:30 Cena en la capital gastronómica. Sant Antoni se afianzó como meca gastronómica tras obtener Es Tragón la primera de las dos estrellas Michelín que distinguen a los restaurantes de la isla. En el casco antiguo del pueblo destaca el histórico Es Rebost de Can Prats, el gran referente de la cocina autóctona tradicional.


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Mallorca: los secretos del bosque de Bellver
Guías de viajes

Mallorca: los secretos del bosque de Bellver

  El bosque de Bellver se considera Parque Histórico Natural, y es de titularidad municipal desde 1931.   Ocupa una superficie de 126 hectáreas y es el espacio de dominio y uso público más extenso de Palma. Se encuentra a tan solo 3 kilómetros del centro de la ciudad y se puede acceder en transporte público.   Sa Pujada El camino original al Castillo de Bellver parte de la plaza Gomila. Por la calle de Bellver, entre modernas construcciones de los años 70 y bellos edificios modernistas de principios del siglo XX, llegamos al acceso principal y más antiguo del interior del bosque que viste la montaña conocida como El puig de la Mesquita (topónimo recogido en época medieval). Esta vía fue construida en 1859, sobre el viejo trazado original, con motivo de la visita de la reina Isabel II a Palma. La escalinata, larga y empinada, que tenemos justo enfrente es la que se conoce popularmente como Sa pujada y constituye un paseo muy concurrido por deportistas y visitantes.     Capilla de San Alonso Rodríguez Se encuentra a medio camino, entre el portal del bosque de Bellver y el castillo, a mano derecha de Sa pujada. La capilla de San Alonso Rodríguez fue construida entre 1883 y 1885 en el lugar donde, según una tradición local, la Virgen María se le apareció al santo portero de Monte Sión (conocida iglesia y convento de los jesuitas en el centro histórico de Palma desde el siglo XVI), hacia el año 1572, para secarle el sudor y aliviarle de un súbito malestar que a punto estuvo de acabar con su vida.       El Castillo de Bellver Concebido como residencia real, el Castillo de Bellver se halla situado sobre un montículo a 112,6 metros de altura sobre el nivel del mar, dominando la bahía y gran parte de la isla de Mallorca. Su construcción se inició en 1300 por orden de Jaime II, rey de Mallorca. Los trabajos de la mole duraron nueve años y los de ornamentación se terminaron más tardíamente.     Las Cuevas de Bellver Todo el material necesario para la construcción del castillo -miles de sillares de marés (arenisca)- se extrajo de unas canteras situadas en el interior mismo de la montaña, a unos 35 y 70 metros por debajo del patio de armas. Ocupan una superficie de 30.000 m2 y sus accesos se encuentran próximos a las instalaciones de la sección montada de la Policía Local de Palma (acceso a pie por la esplanada del aparcamiento superior). Durante la Guerra Civil (1936-1939) se habilitaron como almacén militar de combustible y munición. Actualmente no se pueden visitar porque no reúnen las condiciones de seguridad necesarias para grandes grupos de personas.       Un polvorín del siglo XVII Des de la esplanada de juegos infantiles podemos salir al barrio del Terreno -conocido así por haber sido edificado a mediados del siglo XIX sobre un terreno del Real Patrimonio del Estado- y regresar a la plaza Gomila por la calle Polvorín, topónimo que nos remite a la posible existencia de un almacén de munición en el siglo XVII (1686) en el interior del bosque de Bellver. Durante este breve recorrido podemos identificar las casas que ocuparon en tiempos pasados importantes escritores y artistas de la talla de Santiago Rusiñol, Gertrude Stein o el nobel español Camilo José Cela Trulock.    


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