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Pedro Puertas: «Somos un equipo de gente dispuesta a darlo todo»
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Pedro Puertas: «Somos un equipo de gente dispuesta a darlo todo»


 

Pedro Puertas (San Fernando, 1965) es uno de los capitanes que vio nacer Baleària en 1998.

 

Tras estudiar Náutica e Ingeniería Técnica Naval, estuvo a punto de decantarse por el trabajo en tierra, pero «las expectativas de futuro» le hicieron decidirse por navegar. Después de embarcar como alumno en diferentes empresas y realizar el servicio militar en la Armada, en 1994 recaló en Flebasa, predecesora de Baleària, donde recuerda encontrarse con «un grupo de personas con gran ilusión y ganas de evolucionar». Puertas repasa qué han significado para él estos 25 años de historia.


P. ¿Qué es lo que más te sorprendió en tus inicios?

R. Desde el primer momento me encandiló la cordialidad existente. Tu voz era escuchada y siempre te sentías parte del grupo. Esto ha sido una constante. A poco que pongas interés, Baleària te ofrece la posibilidad de evolucionar y de asumir mayores responsabilidades.


P. Estos 25 años habrán dado para muchas travesías.

R. He vivido muchos momentos interesantes de la empresa. La construcción del Lorca en Italia y el comienzo de su andadura; comenzar las rutas con Tánger y Ceuta; la construcción del Martín i Soler y del Alhucemas en Galicia; cruzar el Atlántico con el Alhucemas para convertirlo en el Bahama Mama e intentar exportar el modelo del ferry a la ruta con Bahamas; la construcción del Hypatia de Alejandría en Italia; colaborar en la puesta a punto de la operativa del Eleanor Roosevelt... y lo que quede por venir, que seguro que tendremos algo nuevo.


P. ¿Cuáles han sido los momentos más complicados de la historia de Baleària?

R. La creación de la naviera fue el primer momento difícil. Había que demostrar que éramos una empresa seria, que habíamos llegado para quedarnos y que íbamos a dar lo mejor de nosotros. Creo que todo eso lo hemos ido demostrando con nuestras acciones. Otro momento complicado fue la crisis de 2008, que en primera persona coincidió con la construcción de nuevos barcos. Nos dimos cuenta de que la gestión de los datos y el control de los recursos podían hacer decantar la balanza hacia el futuro.


P. ¿Y tus mejores recuerdos?

R. Tengo muchísimos, pero creo que la llegada del Lorca y el cambio que experimentamos en nuestro día a día, buscando la excelencia en el servicio, fue un reto que nos absorbió, nos envolvió y nos sedujo. Fue duro pero increíble.

 

Pedro Puertas como capitán del ferry Martín i Soler 


P. ¿Cómo has vivido la evolución de la compañía?

R. Siempre con mucha ilusión, aunque reconozco que a veces he llegado a pensar que estábamos un poco locos por los proyectos «imposibles» en los que nos metíamos empujados por nuestro presidente. Si hubiéramos estado dirigidos por alguien más conformista, no estaríamos donde estamos. Y a esto hay que sumarle que somos un equipo de gente dispuesta a darlo todo para hacer realidad estos proyectos.


P. Cuéntanos alguna anécdota que ilustre la evolución de la tecnológica

R. Cuando empecé, en el Bahía de Málaga no había GPS, había un oficial radio que usaba el morse, y aunque había móvil en el barco, era analógico y su tamaño era mayor a una caja de zapatos. Teníamos un ordenador, pero muchas cosas las hacíamos con máquina de escribir y papel carbón para las copias. Hoy en día solo tenemos que ver nuestros proyectos con el gas, la propulsión eléctrica o el hidrógeno, para constatar que Baleària siempre mira al futuro y eso implica estar evolucionando y formándonos constantemente. Además, cada vez se hace un mayor uso de los datos para optimizar la gestión a todos los niveles.


P. Si haces balance, ¿qué crees que te ha aportado Baleària?

R. Tanto en lo personal como en lo profesional, Baleària ha sido el hilo conductor de mi vida. Me ha permitido desarrollarme profesionalmente y eso ha permitido que mi vida personal transcurra con estabilidad. Aunque, al ser una empresa tan dinámica, nunca he tenido tiempo para aburrirme o estancarme.


P. ¿Y qué crees que has aportado tú?

R. He pretendido siempre dar lo mejor de mí mismo, intentando crear un ambiente de trabajo agradable. Me ha encantado enseñar y aprender de la gente que me rodea e inculcarles la autogestión de sus responsabilidades. Espero que me recuerden como un compañero de trabajo que ha intentado que se sientan integrados en el equipo, a gusto en su trabajo y valorados por su desarrollo.


P. ¿Qué supone trabajar en un barco?

R. Trabajar a bordo es conseguir, desde el cargo que ocupes y la responsabilidad que tengas en cada momento, que la operativa del buque esté bien afinada para conseguir ser los más eficiente posible para la empresa.


P. Cuéntanos algún elemento que consideres clave en el éxito de Baleària.

R. Baleària ha llegado a su posición utilizando principalmente el talento propio. Cuidar, valorar, formar y hacer evolucionar a nuestra gente creará el necesario compromiso para poder sacar talento de la cantera y eso hará que podamos afrontar el futuro con una base sólida.

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Ibiza: mucho más que discotecas
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Ibiza: mucho más que discotecas

  Ibiza fue el destino turístico que mejor capeó la crisis del Covid en 2021, cuando las restricciones aún impedían la apertura de los clubs. Sus calas, gastronomía, mercadillos o la riqueza de su acervo cultural, distinguido como Patrimonio de la Humanidad, explican por qué mantuvo su auge en el peor momento.   Con 572 kilómetros cuadrados se puede acceder fácilmente a cualquier punto de la isla. Aun así, uno siempre se queda con ganas de pasar más días para seguir conociendo sus atractivos.   Día 1: 09:00 Desayuno en Santa Gertrudis. Es el corazón de la isla; uno de los pueblos más pintorescos y reconocidos por su oferta gastronómica. Por la noche, el centro peatonal está más que concurrido, pero también es el lugar ideal para un desayuno lejos de la vorágine del turismo. Dos buenas propuestas son el clásico Bar Costa, con sus bocadillos de pan con tomate y embutidos, o el cosmopolita Musset Café, con un brunch variado que incluye opciones veganas.   Santa Gertrudis 10:00 El puente del ‘fameliar’. En apenas 15 minutos en coche se llega a Santa Eulària des Riu, que recibe su nombre por contar con el único río de Balears. Ahora solo mantiene un canal de agua salobre en su tramo final, pero merece la pena por el paseo que parte del puente viejo, donde la leyenda dice que nace uno de los duendes de la mitología ibicenca, el fameliar.   11:00 La iglesia fortaleza. A pocos metros del puente se erige el Puig de Missa, una colina coronada por el mayor exponente de las iglesias fortificadas que, siglos atrás, servían de refugio ante los  ataques berberiscos.   El Puig de Missa, con el Mediterráneo al fondo 12:00 Snorkel en las playas del norte. El norte de la isla destaca por su costa abrupta, entrecortada por calas de arena y salpicada de islotes. Este paisaje las convierte en lugar privilegiado para disfrutar del snorkel. Un buen ejemplo se encuentra en la bahía de Xarraca, con la cala del mismo nombre, el rincón de S’illot des Renclí y Cala Xuclar. 15:00 Almuerzo junto al mar. En S’illot des Renclí se encuentra un buen restaurante para degustar el icónico bullit de peix, un guiso marino servido en dos vuelcos con arroz a banda, mientras que la recoleta Cala Xuclar alberga un pequeño chiringuito con pescado fresco.   El 'bullit', plato típico ibicenco 18:00 El pueblo de los mercadillos. Sant Carles fue el epicentro de los hippies y en sus cercanías se encuentran los dos mercadillos emblemáticos de la isla: Punta Arabí, abierto los miércoles, y Las Dalias, un punto de peregrinación todos los sábados y las noches de los lunes, martes y  domingo. 21:00 Para empezar la noche. Frente a la iglesia de Sant Carles, nos espera Ca n’Anneta, un bar donde se ha detenido el tiempo. Su fama se debe a las tapas populares, montaditos y, sobre todo, un famoso licor de hierbas artesanal. Día 2: 09:00 Desayuno frente a las murallas. El Croissant Show es famoso por sus desayunos de bollería francesa frente al Portal de ses Taules, la entrada principal a las murallas renacentistas de la capital de la isla.   09:30 Dalt Vila, Patrimonio de la humanidad. Dentro de la ciudadela, las visitas obligadas son la iglesia de Santo Domingo, la catedral y los siete baluartes. También merece la pena caminar sin rumbo por sus callejuelas y relajarse con un cocktail, un zumo fresco o una buena tapa en S’Escalinata. La escalera de piedra con sus pufs de colores constituye uno de los rincones más fotografiados de Dalt Vila.   S’Escalinata, en Dalt Vila, es una excelente opción para tapas y copas 11:30 El cementerio fenicio-púnico. Tras salir por el Portal Nou, llegamos a las puertas del Museo d’Es Puig des Molins, dedicado a la necrópolis fenicio-púnica más importante del Mediterráneo. La visita incluye un recorrido por los hipogeos, las galerías funerarias excavadas desde el siglo VII a.C. 13:00 Yacimientos arqueológicos. La ruta histórica se completa con dos yacimientos que merecen la pena por sus enclaves. El poblado fenicio de Sa Caleta, junto a una calita de pescadores, fue el primer núcleo urbano de la isla. A 15 minutos en coche, el asentamiento rural ses Païsses de Cala d’Hort abarca restos púnicos, romanos, bizantinos, y la casa payesa de Can Sorà. 15:00 Almuerzo frente a es Vedrà. El majestuoso islote de es Vedrà acapara toda la atención hasta Cala d’Hort. Se puede seguir disfrutando de sus vistas con los buenos arroces del Restaurante El Carmen y una tarde de playa. 20:00 Puesta de sol en la bahía de Portmany. La parte sur de la bahía gana terreno a la hora de  contemplar la puesta de sol gracias a lugares como el chiringuito Es Puetó, el chill out del Kumharas o el nuevo auditorio de Es Caló de s’Oli. 21:30 Cena en la capital gastronómica. Sant Antoni se afianzó como meca gastronómica tras obtener Es Tragón la primera de las dos estrellas Michelín que distinguen a los restaurantes de la isla. En el casco antiguo del pueblo destaca el histórico Es Rebost de Can Prats, el gran referente de la cocina autóctona tradicional.


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Mallorca: los secretos del bosque de Bellver
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  El bosque de Bellver se considera Parque Histórico Natural, y es de titularidad municipal desde 1931.   Ocupa una superficie de 126 hectáreas y es el espacio de dominio y uso público más extenso de Palma. Se encuentra a tan solo 3 kilómetros del centro de la ciudad y se puede acceder en transporte público.   Sa Pujada El camino original al Castillo de Bellver parte de la plaza Gomila. Por la calle de Bellver, entre modernas construcciones de los años 70 y bellos edificios modernistas de principios del siglo XX, llegamos al acceso principal y más antiguo del interior del bosque que viste la montaña conocida como El puig de la Mesquita (topónimo recogido en época medieval). Esta vía fue construida en 1859, sobre el viejo trazado original, con motivo de la visita de la reina Isabel II a Palma. La escalinata, larga y empinada, que tenemos justo enfrente es la que se conoce popularmente como Sa pujada y constituye un paseo muy concurrido por deportistas y visitantes.     Capilla de San Alonso Rodríguez Se encuentra a medio camino, entre el portal del bosque de Bellver y el castillo, a mano derecha de Sa pujada. La capilla de San Alonso Rodríguez fue construida entre 1883 y 1885 en el lugar donde, según una tradición local, la Virgen María se le apareció al santo portero de Monte Sión (conocida iglesia y convento de los jesuitas en el centro histórico de Palma desde el siglo XVI), hacia el año 1572, para secarle el sudor y aliviarle de un súbito malestar que a punto estuvo de acabar con su vida.       El Castillo de Bellver Concebido como residencia real, el Castillo de Bellver se halla situado sobre un montículo a 112,6 metros de altura sobre el nivel del mar, dominando la bahía y gran parte de la isla de Mallorca. Su construcción se inició en 1300 por orden de Jaime II, rey de Mallorca. Los trabajos de la mole duraron nueve años y los de ornamentación se terminaron más tardíamente.     Las Cuevas de Bellver Todo el material necesario para la construcción del castillo -miles de sillares de marés (arenisca)- se extrajo de unas canteras situadas en el interior mismo de la montaña, a unos 35 y 70 metros por debajo del patio de armas. Ocupan una superficie de 30.000 m2 y sus accesos se encuentran próximos a las instalaciones de la sección montada de la Policía Local de Palma (acceso a pie por la esplanada del aparcamiento superior). Durante la Guerra Civil (1936-1939) se habilitaron como almacén militar de combustible y munición. Actualmente no se pueden visitar porque no reúnen las condiciones de seguridad necesarias para grandes grupos de personas.       Un polvorín del siglo XVII Des de la esplanada de juegos infantiles podemos salir al barrio del Terreno -conocido así por haber sido edificado a mediados del siglo XIX sobre un terreno del Real Patrimonio del Estado- y regresar a la plaza Gomila por la calle Polvorín, topónimo que nos remite a la posible existencia de un almacén de munición en el siglo XVII (1686) en el interior del bosque de Bellver. Durante este breve recorrido podemos identificar las casas que ocuparon en tiempos pasados importantes escritores y artistas de la talla de Santiago Rusiñol, Gertrude Stein o el nobel español Camilo José Cela Trulock.    


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