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Las mejores playas gaditanas
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Las mejores playas gaditanas

Por Sergi Reboredo


 

La costa de Cádiz se enorgullece de contar con algunas de las playas más impresionantes de Europa, paisajes naturales de arena fina y virgen que invitan tanto al relax como a la emoción de deslizarse sobre las olas en una tabla de surf.

 

 

Las calas de Roche

 

Las calas de Roche son como el último sorbo de una buena copa de vino. La costa de Cádiz posee muchos tesoros escondidos capaces de sorprender al visitante, aunque no todos son de fácil acceso. Las calas de Roche son una sucesión de hermosas y pequeñas calas rodeadas de naturaleza y acantilados al norte de Conil. Contemplar el atardecer desde cualquiera de ellas representa una de las experiencias más maravillosas que se puede disfrutar en todo el litoral andaluz.  

 

Una serie de senderos, que parten desde el mismo Conil, bordeando la costa, conducen hasta estas playas en forma de medialuna, difíciles de divisar a simple vista desde la carretera que discurre elevada y paralela al mar. Lo complicado de su orografía es parte de su encanto que, además, se ve fortalecido por su naturaleza efímera, ya que el hecho de poder llegar hasta ellas o gozar de su arena depende por completo del ritmo cadencioso de las mareas. Otro de sus encantos radica en que se han conservado completamente vírgenes, por lo que no disponen de chiringuitos, duchas, aseos o cualquier otro servicio; únicamente naturaleza en estado puro.  

 

Cala Frailecillo, cala Encendida, cala Tío Juan Medina, cala Pato, cala Medina y cala Áspero son la media docena de calas que forman esta espectacular zona del litoral gaditano de apenas 600 metros de extensión. A todas ellas se accede por unas escalinatas excavadas en la roca que descienden desde los acantilados rojizos. Sus vistas son idílicas, el agua siempre cristalina y prácticamente sin oleaje, su olor inconfundible a salitre y, por supuesto, el sonido constante del vaivén de las olas como telón de fondo hacen que uno se sienta como en un cuento de hadas. Ideales para evadirse del mundo y del frenesí diario. 

 

 


 

Dunas de Valdevaqueros

 

La playa de Valdevaqueros, la más bonita de Tarifa, es uno de los pocos lugares vírgenes que quedan en la Costa de la Luz, donde los valles de los ríos desembocan silenciosos en la playa y en la sierra litoral, ajenos al ajetreo de las olas mar adentro donde los amantes del windsurf y del esquí con cometa luchan por subirse a la gran ola. En primera línea de costa, en este edén natural de arena fina, 4 kilómetros de dunas móviles se desplazan al capricho de los vientos engullendo árboles, carreteras y amenazando con sepultar todo aquello que encuentren a su paso.  

 

El médano de Valdevaqueros se formó como consecuencia de las acciones militares llevadas a cabo en la década de los cuarenta, en plena dictadura franquista, para acondicionar los terrenos que daban acceso a los cuarteles de la zona, y para cavar algunas trincheras que impidieran un posible desembarco aliado en la costa. La construcción de un foso de arena alargado paralelo a la costa entre la zona dunar y la orilla del mar, junto con los fuertes vientos de levante desplazaron la arena y provocaron un aumento de la franja dunar que aumenta, imparable, año tras año. 

 

Actualmente, en los días de fuerte viento de levante, la arena invade totalmente la carretera A-2325, en la que habitualmente los turistas curiosos se hacen selfies con las señales de tráfico medio enterradas. Esos días, la vía se vuelve totalmente intransitable y los vecinos quedan incomunicados hasta que las máquinas excavadoras retiran las ingentes cantidades de arena que, a veces, llegan a alcanzar los 30 metros de altura.  

 

 


 

Caños de Meca: Faro de Trafalgar

 

Caños de Meca todavía se asocia a esa imagen de la década de los sesenta en la que ostentaba el título de ser el rincón más hippie de la costa gaditana, frecuentado por bohemios, artistas y, en ocasiones, incluso por algunos de los miembros de la llamada movida madrileña, en busca de esa anhelada libertad. La misma que todavía persiguen hoy en día los que se acercan a este municipio en busca del contacto directo con la naturaleza, el mar, una dieta saludable, atardeceres de película y, sobre todo, la posibilidad de bajar las revoluciones de la vida estresada de las grandes ciudades.   

 

El viento persistente, las dunas doradas y un pasado bucanero envuelven el faro de Trafalgar en una atmósfera misteriosa. Contemplar el atardecer frente a este baluarte histórico de 34 metros de altura representa una auténtica delicia. Solitario ante la inmensidad del océano, el faro se sitúa en una zona repleta de dunas doradas, extensas playas y una vegetación que a veces llega incluso hasta la arena. Una pasarela de madera serpentea por la costa, atravesando acantilados, desde donde se pueden observar infinitos tonos azulados que el océano dibuja según las corrientes. A lo lejos, los surfistas, windsurfistas y kitesurfistas buscan el viento de levante que les haga volar, ajenos al hecho de que hace algo más de 200 años, en este mismo escenario, se libraba la batalla de Trafalgar, un enfrentamiento naval entre la Armada Real Británica y las flotas combinadas de las Armadas francesa y española que tuvo lugar durante la guerra de la tercera coalición. La victoria, por cierto, cayó del lado inglés.  

 

Desde el promontorio del faro, se puede bajar hasta la playa de Trafalgar, una enorme cala virgen de arena fina y dorada que se extiende a lo largo de 2 km desde el cabo hasta la playa de Zahora, al norte. 

 

 

 

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Ibiza: much more than nightclubs
Guías de viajes

Ibiza: much more than nightclubs

  Ibiza was the tourist destination that weathered the Covid crisis best in 2021, when restrictions were still preventing clubs from opening. Its coves, food, markets and rich cultural heritage, recognised as a World Heritage Site, help explain why the island remained so popular even at the worst point of the crisis.   At 572 square kilometres, every part of the island is easy to reach. Even so, you always leave wishing you had a few more days to continue discovering everything it has to offer.   Day 1: 09:00 Breakfast in Santa Gertrudis. This is the heart of the island, one of its most picturesque villages and a place renowned for its food scene. The pedestrianised centre is packed at night, but in the morning it is also the perfect place for breakfast away from the tourist rush. Two good choices are the classic Bar Costa, with sandwiches made with tomato bread and cured meats, or the cosmopolitan Musset Café, with a varied brunch including vegan options.   Santa Gertrudis 10:00 The “fameliar” bridge. In just 15 minutes by car you reach Santa Eulària des Riu, which takes its name from having the only river in the Balearic Islands. Today, only a channel of brackish water remains in its final stretch, but the walk from the old bridge is well worth doing. Legend says one of the little creatures of Ibizan mythology is born here: the fameliar.   11:00 The fortified church. A few metres from the bridge stands Puig de Missa, a hill crowned by the finest example of the fortified churches that centuries ago offered shelter from Barbary raids.   Puig de Missa, with the Mediterranean in the background 12:00 Snorkelling on the northern beaches. The north of the island is known for its rugged coast, broken up by sandy coves and dotted with small islets. This landscape makes it an ideal place for snorkelling. One good example is found in bahía de Xarraca, with the cove of the same name, the corner of S’illot des Renclí and Cala Xuclar. 15:00 Lunch by the sea. At S’illot des Renclí there is a good restaurant for trying the iconic bullit de peix, a fish stew served in two courses with arroz a banda, while secluded Cala Xuclar has a small beach bar serving fresh fish.   “Bullit”, a typical Ibizan dish 18:00 The village of the markets. Sant Carles was the epicentre of the hippies and nearby are the island’s two emblematic markets: Punta Arabí, open on Wednesdays, and Las Dalias, a place of pilgrimage every Saturday and on Monday, Tuesday and Sunday evenings. 21:00 Starting the evening. Opposite Sant Carles church is Ca n’Anneta, a bar where time seems to have stood still. Its reputation comes from its popular tapas, montaditos and, above all, a famous homemade herbal liqueur. Day 2: 09:00 Breakfast facing the city walls. The Croissant Show is famous for French-pastry breakfasts opposite Portal de ses Taules, the main entrance through the Renaissance walls of the island’s capital.   09:30 Dalt Vila, a World Heritage Site. Inside the citadel, the essential sights include Santo Domingo Church, the cathedral and the seven bastions. It is also worth wandering aimlessly through the narrow streets and relaxing with a cocktail, fresh juice or a good tapa at S’Escalinata. Its stone staircase and colourful beanbags make it one of the most photographed corners of Dalt Vila.   S’Escalinata in Dalt Vila is an excellent choice for tapas and drinks 11:30 The Phoenician-Punic cemetery. After leaving through Portal Nou, you reach the entrance to the Museo d’Es Puig des Molins, dedicated to the most important Phoenician-Punic necropolis in the Mediterranean. The visit includes the hypogea, underground burial galleries excavated from the 7th century BC onwards. 13:00 Archaeological sites. The historical route is completed by two sites whose locations alone make them worth visiting. The Phoenician settlement of Sa Caleta, beside a small fishing cove, was the island’s first urban centre. Fifteen minutes away by car, the rural settlement of ses Païsses de Cala d’Hort contains Punic, Roman and Byzantine remains as well as the traditional farmhouse of Can Sorà. 15:00 Lunch facing es Vedrà. The majestic islet of es Vedrà dominates the view all the way to Cala d’Hort. You can keep enjoying it over excellent rice dishes at Restaurante El Carmen followed by an afternoon on the beach. 20:00 Sunset in Portmany Bay. The southern side of the bay has become increasingly popular for sunset views thanks to places such as the Es Puetó beach bar, the chill-out area at Kumharas and the new auditorium at Es Caló de s’Oli. 21:30 Dinner in the gastronomic capital. Sant Antoni cemented its reputation as a culinary hotspot after Es Tragón earned the first of the island’s two Michelin stars. In the old town, historic Es Rebost de Can Pratsremains one of the leading references for traditional local cuisine.


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Mallorca: los secretos del bosque de Bellver
Guías de viajes

Mallorca: los secretos del bosque de Bellver

  El bosque de Bellver se considera Parque Histórico Natural, y es de titularidad municipal desde 1931.   Ocupa una superficie de 126 hectáreas y es el espacio de dominio y uso público más extenso de Palma. Se encuentra a tan solo 3 kilómetros del centro de la ciudad y se puede acceder en transporte público.   Sa Pujada El camino original al Castillo de Bellver parte de la plaza Gomila. Por la calle de Bellver, entre modernas construcciones de los años 70 y bellos edificios modernistas de principios del siglo XX, llegamos al acceso principal y más antiguo del interior del bosque que viste la montaña conocida como El puig de la Mesquita (topónimo recogido en época medieval). Esta vía fue construida en 1859, sobre el viejo trazado original, con motivo de la visita de la reina Isabel II a Palma. La escalinata, larga y empinada, que tenemos justo enfrente es la que se conoce popularmente como Sa pujada y constituye un paseo muy concurrido por deportistas y visitantes.     Capilla de San Alonso Rodríguez Se encuentra a medio camino, entre el portal del bosque de Bellver y el castillo, a mano derecha de Sa pujada. La capilla de San Alonso Rodríguez fue construida entre 1883 y 1885 en el lugar donde, según una tradición local, la Virgen María se le apareció al santo portero de Monte Sión (conocida iglesia y convento de los jesuitas en el centro histórico de Palma desde el siglo XVI), hacia el año 1572, para secarle el sudor y aliviarle de un súbito malestar que a punto estuvo de acabar con su vida.       El Castillo de Bellver Concebido como residencia real, el Castillo de Bellver se halla situado sobre un montículo a 112,6 metros de altura sobre el nivel del mar, dominando la bahía y gran parte de la isla de Mallorca. Su construcción se inició en 1300 por orden de Jaime II, rey de Mallorca. Los trabajos de la mole duraron nueve años y los de ornamentación se terminaron más tardíamente.     Las Cuevas de Bellver Todo el material necesario para la construcción del castillo -miles de sillares de marés (arenisca)- se extrajo de unas canteras situadas en el interior mismo de la montaña, a unos 35 y 70 metros por debajo del patio de armas. Ocupan una superficie de 30.000 m2 y sus accesos se encuentran próximos a las instalaciones de la sección montada de la Policía Local de Palma (acceso a pie por la esplanada del aparcamiento superior). Durante la Guerra Civil (1936-1939) se habilitaron como almacén militar de combustible y munición. Actualmente no se pueden visitar porque no reúnen las condiciones de seguridad necesarias para grandes grupos de personas.       Un polvorín del siglo XVII Des de la esplanada de juegos infantiles podemos salir al barrio del Terreno -conocido así por haber sido edificado a mediados del siglo XIX sobre un terreno del Real Patrimonio del Estado- y regresar a la plaza Gomila por la calle Polvorín, topónimo que nos remite a la posible existencia de un almacén de munición en el siglo XVII (1686) en el interior del bosque de Bellver. Durante este breve recorrido podemos identificar las casas que ocuparon en tiempos pasados importantes escritores y artistas de la talla de Santiago Rusiñol, Gertrude Stein o el nobel español Camilo José Cela Trulock.    


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